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Opinión

Fogatas montunas

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
1 de septiembre de 2024

Errores editoriales en "Fogatas sin sosiego" empañan la obra de José Luis Garcés. El autor organiza el Festival de Literatura de Córdoba, pese al escaso apoyo gubernamental.

Por Álvaro Bustos González* Hubiera preferido no hallar pequeños errores editoriales en las Fogatas sin sosiego, el último libro de José Luis Garcés González, quien por estos días está haciendo de tripas corazón para que se lleve a cabo, con las menores dificultades posibles, el XXXII Festival de Literatura de Córdoba y del Caribe, cuyo apoyo gubernamental es deleznable, o ninguno, algo incomprensible, puesto que el costo de la cultura es ínfimo, pero su valor es inconmensurable. Y digo pequeños errores editoriales porque así lo son, porque son mínimos y porque son los más mortificantes. Son como una piedrecita en el zapato, que molesta tanto al grueso artejo como al talón. No hay nada más irritante para un lector que toparse en un texto con esas piedrecitas, cuya responsabilidad no se le puede adjudicar al escritor, y quizá a nadie, sino a la falible condición humana. El uso del término montuno en manos de José Luis creo que no ha sido bien entendido. Aquí lo deja claramente explicado. No es la exaltación de la selva o de lo que vibra o ruge en la manigua; es algo que tiene que ver con las tradiciones, con las raíces, sin las cuales no es posible que haya sociedades ni hombres que se conozcan a sí mismos. Esa montunidad de la que habla José Luis, entre nosotros recoge un cúmulo de antecedentes raciales e históricos que nos distinguen y que a nadie que quiera comprenderlo lo menoscaban. Todo lo contrario: ahí está el valor del pasado, su persistente latencia, su manantial perpetuo. Rico en alusiones literarias, aparte del extenso muestrario de viñetas de todo orden que campea por las páginas de Fogatas sin sosiego, me alegró la referencia a Gilbert K. Chesterton. ¿Cómo no emocionarse con la reminiscencia de alguien que dijo, en su célebre El hombre que fue jueves: “Pero no podemos imaginarnos a un malvado que se entrega honradamente a soñar, porque no podemos imaginarnos a un malvado tan a solas consigo mismo”, o que afirme, en Lo que está mal en el mundo: “He conocido a muchos matrimonios felices, pero nunca a uno compatible, pues un hombre y una mujer, como tales, son incompatibles”. José Luis sigue escribiendo incansablemente y ejerciendo una labor de divulgación cultural que no tiene sosiego. Ya es hora de que la comunidad y los medios le reconozcan en vida su inmenso aporte literario. No digo más. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.