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Opinión

Fin de las corralejas.

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
11 de septiembre de 2025

La Corte Constitucional dejó en firme y ratificó la Ley 2385 de 2024 que prohíbe las corridas de toros, rejoneo, novilladas, becerradas y tientas con el objetivo de buscar una transformación cultural con respeto de los animales, sumándole la excepción que había establecido dicha ley respecto al coleo, las corralejas y las peleas de gallos que los excluía de dicha norma, basado en el mandato de protección y bienestar animal consagrado en la Constitución.

La Corte Constitucional dejó en firme y ratificó la Ley 2385 de 2024 que prohíbe las corridas de toros, rejoneo, novilladas, becerradas y tientas con el objetivo de buscar una transformación cultural con respeto de los animales, sumándole la excepción que había establecido dicha ley respecto al coleo, las corralejas y las peleas de gallos que los excluía de dicha norma, basado en el mandato de protección y bienestar animal consagrado en la Constitución. Colombia se suma a los países de Latinoamérica que han dicho no a la tauromaquia y a otros espectáculos con animales. En este grupo se encuentran Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Guatemala, mientras que México, Ecuador, Perú y Venezuela, continúan realizando las corridas y tanto en uno como en otro caso, este es un mundo donde lo que impera es una gran diferencia en los participantes y los escenarios: no es lo mismo un circo que una corraleja o los corrales del coleo y las galleras. Ahora bien, para mitigar el impacto de esta decisión, la Corte Constitucional difirió los efectos de esta prohibición por tres años, para que se inicien los procesos de reorganización laboral y cultural para quienes viven o practican estas actividades y sobre las cuales, existen diferentes opiniones, dependiendo del interés, sea pecuniario o cultural, que comporta un individuo o una comunidad y se realicen los últimos relatos de lo que quedará de algo que nos acompañó durante siglos. Al respecto, los partidarios de estas ferias o analistas independientes dirán que el efecto sobre variables como el empleo, los ingresos, será bastante elevado y se pronostica una especie de recesión económica que implicará esfuerzos para reemplazar las rentas perdidas; de la misma manera, quienes aquí ven un asunto de manifestación cultural, se quejarán de que es atentar contra la libertad de elegir y la alegría de un pueblo. Por el contrario, puede ser la oportunidad, especialmente en nuestra región Caribe, donde más acendrada han estado la corraleja y las peleas de gallo, para dar el estartazo que nos permita salir de esta difícil situación sempiterna, que mantiene a los pueblos aletargados, pobres y tristes, como consecuencia de lo que dejan las corralejas, amén de las desgracias en familias que pierden por una cornada, a alguno de sus miembros. El reto es acompañar a las comunidades que han participado de estos espectáculos, ofreciendo alternativas culturales y económicas que respeten la vida animal, pero sobre todo la vida humana porque estas actividades lo que hacen es acentuar las diferencias que no sacan lo mejor de los seres humanos, sino las pasiones que terminan validando la fuerza y el poder como garantes de lo que debe hacerse, corroborado por la violencia padecida en más de 200 años de “independencia” frente a lo cual hay que buscar salidas no fundamentalistas, sino atentas y conscientes.