Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Filosofía y Ciencia

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
2 de marzo de 2025

Científicos incultos y teóricos arrogantes socavan el conocimiento. La filosofía, a pesar de sus detractores, revela incongruencias y ofrece perspectivas valiosas para combatir la ignorancia.

Por Álvaro Bustos González* Quizá no haya nada más lamentable que un científico inculto, ni nada que produzca una mayor decepción que ver a intelectuales o artistas negando a priori el valor del conocimiento científico. Así mismo, es frustrante la pretensión de algunos teóricos que aspiran, tal vez por ingenuidad o arrogancia, a formular tesis tan abarcadoras y absolutas que excluyen de plano cualquier matiz o reparo en torno a su validez, como si el tema de la “verdad” fuera un asunto que se sustenta en dogmas o en meros axiomas. Es común definir a la filosofía como un genérico amor a la sabiduría. El problema radica en la definición de la palabra sabiduría. Del mismo modo que ostentar una información no significa la posesión de un conocimiento, los elementos cognitivos y vivenciales que caracterizan al sabio no son fáciles de delimitar, por lo que en estos campos, en los que casi todo es difuso e incierto, es mejor la cautela: si bien es cierto que no todo lo existente es objeto de ciencia, la filosofía puede ayudar frente a múltiples dilemas a descubrir incongruencias, ofrecer nuevos enfoques y plantear opciones diferentes. La filosofía siempre ha tenido detractores. Una anécdota refiere que, en tiempos de Sócrates, un advenedizo se acercó a preguntar irónicamente para qué sirve la filosofía, y el maestro, sin hacer ningún aspaviento, le sugirió a alguien que lo acompañaba que, para neutralizar al impertinente, le diera unos dracmas, que probablemente lo que quería era dinero. En tiempos recientes, y esto es real, atenidos a sus convicciones, dos físicos de resonancia universal, Stephen Hawking y Steven Weinberg, tuvieron la osadía de menoscabar la vigencia de la filosofía, olvidando que si no existiera la epistemología, es decir, la filosofía del conocimiento, poco sentido tendría la búsqueda de la “verdad”, cuyo objetivo primordial debe ser, sin duda, el ser humano, para explicarle mejor sus mitos y carencias, y así salvarlo de la ignorancia. Ya sabemos que la materia es energía y que el espacio y el tiempo son ámbitos intercambiables; también somos testigos del afán disruptivo de nuestra era, empecinada en modificar paradigmas y en hallar renovados cauces conceptuales para alimentar las nuevas ideologías. El hombre, sin embargo, parece tener una esencia inmutable: a la par de los avances tecnológicos se torna cada vez más susceptible a la manipulación, que es la mejor manera de llegar al reino de la estupidez. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.