
Festival del Mapalé, 25 versiones enamorando gente

El Festival Nacional del Mapalé de Buenavista celebra 25 años, consolidándose como evento dancístico clave en Colombia. Su éxito radica en la identidad cultural y el apoyo local.
Por José Armando Benítez Tuirán El Festival Nacional del Mapalé de Buenavista, es el evento dancístico más importante de Córdoba y uno de los más reconocidos del país. Son 25 versiones, en más de 30 años de existencia. La transmisión por Telecaribe fue maravillosa para los que estamos lejos. El festival es patrimonio inmaterial de la nación y eso se notó en la espectacularidad de esta versión. El nivel de los grupos excepcional. El desfile a la altura de los grandes eventos del país. La junta actual que preside Francisco Javier Pérez se sobró. Los espectáculos musicales de cada noche fueron de primera clase. Buenavista se gozó el Festival. Se está volviendo costumbre regresar al pueblo para vivirlo. Este evento ha enamorado a los buenavisteros que hoy lo reconocen como parte de su identidad. Ese es el gran éxito de este evento que nació con la idea de institucionalizar una fiesta que nos representara y celebrara la identidad cultural buenavistera. Atrás quedaron aquellos años en que solo Henry Guerra cubría el evento para emisora ideal. O cuando Óscar Melendres, sin un peso, trajo a unas coreógrafas desde Yarumal para enseñar mapalé acrobático. Pocos recordarán que Pello Peca, prestó el Palomar sin cobrar para que ensayáramos. En el olvido está la mañana en que William Tapia empeñó su cadena de oro para pagar los pasajes de una delegación. Y cuando un alcalde, después de haber montado la tarima en la Plaza San José, amenazó con quitar el permiso si no se movía el evento para el frente de la Iglesia, y Agustín Barva Jr. improvisó una tarima con cajas de cervezas. Perdido en la memoria estará la vez que Rudy Oyola por teléfono pidió a comerciantes del pueblo la comida para los grupos invitados, porque el alcalde había prometido, siendo candidato, acabar con el festival. Ya se habrá olvidado cuando Rahomir se pasaba meses haciendo lobby en Licosinú para que nos prestaran una tarima grande y consiguiendo apoyo en la gobernación. Y Dalel Bitar y Janio Villadiego, prestaban carros para ir a la capital a los que devolvíamos sin poner gasolina porque no teníamos dinero. Muchos no saben lo que tuve que trajinar para conseguir que viniera un grupo de danzas de Cartagena. Lejos quedan los días y noches de entrega del Cocho Jiménez y de Elver Esquivel. Ese pasado tormentoso y de sacrificios de muchos amigos hoy tiene una inigualable recompensa: que los buenavisteros sientan este festival como la fiesta más importante del pueblo. Qué bueno que dedicaran la 25 versión al alcalde que prometió acabar el evento, porque paradójicamente terminó convertido en la persona que más ha apoyado al Festival en su historia. Esto refleja cómo el Festival del Mapalé es una máquina de convencer y enamorar a gente.