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Opinión

Fentanilo: un demonio suelto en las calles

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
5 de junio de 2023

El fentanilo, droga devastadora, se extiende por Colombia. Similar a la heroína, pero más potente, causa euforia seguida de graves problemas de salud y muerte. Un peligro que amenaza vidas.

Por José Arturo Ealo Gaviria Quizás hayas visto escenas escalofriantes en películas donde seres humanos trastabillan como parte final del movimiento neurálgico de un ser vivo —por lo menos, del que hacemos parte—. Se suma las fobias del hombre, la saña de un mundo que hiere y desprecia a la humanidad al arrebatar los pocos años que son entrega desde el día de su nacimiento. Se llega a un rechazo de la pérdida del instinto vital, de esa afirmación clara y concreta, diciéndonos que está afectando la vida y la salud. Ese es el Fentanilo. Ronda por calles colombianas cual demonio. Como toda droga, suscita miedo. No resulta difícil entender. Hay razones que nos lleva a sentir fobia a la relación de una muerte en vida, muerte que logra moverse. Su fin: devora a los humanos por dentro. Es pérdida de tiempo. Comienza con dolor, termina con mucho dolor. Tan poderosa como un demonio. No alivia, mata. Las sensaciones que genera el Fentanilo son similares a las que produce la heroína, pero en grado extremo de felicidad, niveles altos de dopamina, euforia y relajación. Pasado el efecto, los adictos sufren somnolencia, náuseas, confusión, estreñimiento, sedación, depresión y afecciones respiratorias que pueden llevar a la inconciencia, a estado de coma, daños cerebrales y hasta la muerte. Es cincuenta veces más potente que la heroína y cien veces más fuerte que la morfina, para hacer a ambas con resultados fatales en términos de vidas humanas. Apagar el dolor a cualquier precio puede resultar muy caro. Una conocida frase alusiva a las catástrofes viales señala: "Si se puede evitar, no es un accidente". Hay fenómenos sociales que lejos de prevenirse, son consecuencia directa de políticas de Estado que entrañan la carencia de regulación ante la venta indiscriminada de fármacos, y "¡que parezca un accidente!" Lo desesperante del dolor alienta modalidades de consumo prefijadas por el mercado de drogas. La ingesta masiva de Fentanilo lleva secuelas en el lazo social. Las modalidades adictivas inciden en la subjetividad contemporánea, restan alcance a las palabras y profundizan lo sintomático de un consumidor sin defensa. Vivimos un tiempo para garantizar un buen porvenir, mientras se genera un imaginario poderoso que amedrenta y da pavor. El Fentanilo vaga por calles, destronando vidas humanas. En su evolución como especie el mismo hombre se convierte así mismo en su propia presa. Ante esedemonio no somos seres divinos, sino comida.