
Feminicidio, el riesgo de ser Mujer

Los feminicidios, un flagelo global, causaron casi 89,000 muertes de mujeres en 2022. En Colombia, un caso reciente evidencia la impunidad y la urgencia de proteger a las niñas.
Por Glenda K. Fuentes En un mundo supuestamente evolucionado, el persistente flagelo de los feminicidios arroja una sombra oscura sobre la seguridad de niñas y mujeres. Es crucial comprender que el feminicidio va más allá del simple homicidio; es un acto atroz que vulnera no solo la vida de la víctima, sino también bienes jurídicos fundamentales, como la dignidad, la igualdad, la libertad, entre otros. A nivel mundial, estas atrocidades se manifiestan de manera desoladora, con resultados alarmantes que revelan la magnitud del problema y la urgencia de abordarlo con seriedad. Las Cifras Globales, no son más que un Grito Silenciado. A nivel mundial, estos indicadores muestran un cuadro desolador. Según datos de diversas organizaciones como la ONU, casi 89.000 niñas y mujeres fueron asesinadas en el 2022 por el simple hecho de ser mujer. En este macabro panorama, América Latina se destaca como una región especialmente afectada. En el escenario colombiano, nos encontramos entre la Impunidad y la Amenaza Persistente. La reciente tragedia en Cali, donde una menor de 15 años perdió la vida a manos de un hombre que ya estaba bajo investigación desde hace dos años, pone de manifiesto una dolorosa realidad. Este individuo, a pesar de tener una denuncia por acceso carnal violento, estaba libre porque aún no había medida de aseguramiento y condena. Su caso plantea preguntas incómodas sobre la efectividad de nuestro sistema de justicia y destaca un peligro evidente para la sociedad. Mientras se respeta la presunción de inocencia de los investigados por este tipo de delitos, es imperativo cuestionar la efectividad de las medidas preventivas y de seguimiento. La sociedad debe preguntarse si la preservación de la presunción de inocencia debería ponerse por encima de la protección de las posibles víctimas. La trágica realidad es que la amenaza persiste, y la sociedad debe confrontar la necesidad de equilibrar los derechos del investigado con la protección colectiva. En este preocupante panorama, la sociedad, los legisladores y las autoridades deben unirse en una sola voz. Se necesita una justicia más eficiente, medidas preventivas sólidas y programas de concientización para abordar las raíces culturales que alimentan esta epidemia. El feminicidio no puede considerarse únicamente como un problema de mujeres; es un problema de la sociedad en su conjunto. La lucha contra esta tragedia exige no solo un cambio en las leyes, sino también una transformación profunda en la manera en que abordamos la violencia de género. La preservación de los derechos de las niñas y mujeres debe convertirse en la máxima prioridad, y la contundencia de nuestro rechazo frente a estos hechos es crucial para lograr un cambio significativo. “Que ser mujer sea una oportunidad para sumar a la sociedad, no un desafío individual de seguridad."