
Feliz Año Nuevo

En medio de desafíos, Sincelejo y Sucre esperan un 2024 próspero. La fe en Cristo guía, evocando su figura descrita por Publio Léntulo, con esperanza en el futuro.
Por Aníbal Paternina Padilla No obstante los problemas cotidianos en nuestro medio, generados por distintas causas, nuestro caro pueblo sincelejano y sucreño abriga muchas esperanzas en el año que va a entrar. Así lo sentimos quienes damos a conocer el pasado histórico, la defensa del presente y presagio de un futuro promisorio para todos nuestros hermanos de raza. En el 2024 debemos levantar más el espíritu cívico y la unión ciudadana para hacer de Sucre y su capital un vigoroso emporio de progreso. Los invito a reconfortarnos y amarnos como un buen signo de bienvenida al nuevo año que es el de la fe en nuestro padre Dios, declarado así por la Iglesia Católica. Levantemos la mirada hacia Cristo Redentor y brindemos el mejor homenaje evocando su figura física, descrita por Publio Léntulo, preconsul de Judea en carta enviada al emperador Tiberio: “Te envío majestad la respuesta que esperabas ansiosamente. Últimamente ha hecho su aparición en Judea un hombre dotado de extraordinario poder y lo llaman el gran profeta. Sus discípulos lo apellidan hijo de Dios, su verdadero nombre es Jesús. A diario se cuentan de él raros prodigios, resucita a los muertos, cura todas las enfermedades y tiene asombrada a Jerusalén con su inmensa doctrina; es de aspecto majestuoso, de resplandeciente fisionomía llena de suavidad y a la vez severo y dulce, inspira respeto y amor a quien lo ve. Su cabello es de color del vino y desciende ondulado sobre la espalda al estilo Nazareno. Tiene el cutis sonrosado y límpido, su boca y su nariz son perfectas, su barba abundantemente y del mismo color de sus cabellos; sus ojos son azules, plácidos y brillantes, sus manos finas y largas, sus brazos de una gracia encantadora. Es semejante a su madre, que es la más bella figura que se ha visto en estos contornos. En sus dichos y sentencias es grave y severo, es la expresión más pura de la virtud y de la sabiduría que supera el de los más grandes genios; cuando condena y reprende es temible pero cuando instruye y explica su palabra es dulce y amable. Nadie lo ha visto reír, pero muchos lo han visto llorar; camina con los pies descalzos y lleva la cabeza descubierta. Viéndolo a distancia hay quienes lo desprecian, pero estando en su presencia no hay quien no se estremezca con hondo respeto. Cuántos se acercan a él dicen haber recibido enormes beneficios, pero hay quienes lo acusan de ser un peligro para el César porque afirma que reyes y esclavos son todos iguales ante Dios. Atento, Pluvio Léntulo. Para todos mis queridos lectores, un feliz año.