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Opinión

Falsas zonas de confort

Olga Lucia Bustamante Madrid
Olga Lucia Bustamante Madrid
Columnista
20 de abril de 2024

El bienestar genuino va más allá de la comodidad. Analizamos la zona de confort emocional, un espacio que puede limitar nuestro crecimiento y donde se esconden miedos. Es crucial cultivar la individualidad y afrontar las diferencias.

Por Olga Lucía Bustamante Sentirse confortable y cómodo, dista mucho de ser un auténtico bienestar. El verdadero bienestar es placentero, descansado y libre de tensiones, se adapta a gustos y necesidades individuales, no heredadas. Indiferente al lujo. En ocasiones se asemeja a ese rinconcito que se escoge para, en silencio, desahogar una pena, tomar una decisión, o guardar algo personal, lejos de las miradas ajenas. Físicamente existe una construcción o refugio, ideado para brindar 'seguridad pasajera' llamado búnker; se construye debajo de la tierra para mantenerse lejos de ataques en épocas de guerra. Pues muy semejante a esto, hemos ideado una zona de confort emocional, de la que mucho oímos hablar. Ese estado puede pasar de ser el ideal y placentero, donde encontramos nuestros mejores recuerdos y logros, a ser muy caótico y limitante. Donde la fantasía cree cadenas paralizantes y problemas eternos sin solución. Allí escondemos los miedos, las creencias mal elaboradas, y las culpas. Allí maniatamos el amor propio y alimentamos la desesperanza. Es un espacio íntimo donde mando yo y nadie más, no siempre de una manera sana, y no tan pasajera. Como una cárcel personal imaginaria de la que solo yo tengo la llave. Creería que esas mal llamadas zonas de confort del pensamiento restrictivo, que terminan guiando nuestra existencia, comienzan a crearse desde muy temprana edad. Cuando en un niño cultivamos deslealtades, mentiras que parecen verdades, o creencias desvirtuadas. En los niños y jóvenes en formación, deberíamos cultivar objetivos claros, para evitar la aparición de emociones dañinas. Es el ejemplo del concepto de diversidad: biológica, funcional, cultural, religiosa, sexual, entendiéndolo como una ventaja entre los seres humanos, para fortalecer la individualidad e identidad. La sociedad nos empuja a etiquetarnos, a igualarnos y agruparnos por similitudes, eso da una falsa tranquilidad, porque creemos encajar en algo conocido. Aprender a sensibilizarnos ante las diferencias suma, no resta. Nos inculcan pavor, por ser y pensar diferente, tememos asumir nuestra verdadera personalidad. Preservemos ese gran tesoro 'Nuestro Yo', amémonos como seres únicos creados, con capacidad de aprendizaje y toma de decisiones coherentes, lógicas y saludables. No permitamos que errores y falsas expectativas sean nuestras compañeras de por vida. Si nos equivocamos podemos retroceder, desmontar lo mal aprendido o decidido, y reiniciar el camino. La vida es muy corta y valiosa para perderla por temor a confrontarnos. Si algún día logramos percibir lo que hemos creado en nuestras vidas, esa zona roja, que sea una alerta para despertar y buscar ayuda. Las líneas fronterizas marquémoslas a conciencia, no con los ojos cerrados.