
Fabricante de sueños

La novela "Mito, el fabricante de sueños" de Marco de León Espitia evoca el realismo mágico sinuano, transportando al lector a la Montería de antaño con nostalgia y prosa impecable.
Por Álvaro Bustos González* Siempre es propicio el fin de año para poner al día una que otra lectura postergada. Esta vez me encontré en la mesa de noche con Mito, el fabricante de sueños, la novela escrita por el doctor Marco de León Espitia, una obra que merece los mayores encomios. Haber tomado algunas vivencias del barrio Santa Clara, específicamente de la calle 22, teniendo a mano el conocimiento de personas singulares y circunstancias propias de la vida en la Montería de aquellos tiempos, y hacerlo con una prosa limpia, que por momentos se eleva con esplendor, tiene un valor literario incuestionable. No sé si el doctor de León estaba pensando en ello, pero algunas obsesiones de Carmelo, el inefable Mito, recuerdan la pertinacia del coronel Aureliano Buendía fabricando pescaditos de oro en su taller, del mismo modo que sus diálogos con su tía Nena, ya muerta, con la que vivió casi toda su vida, nos retrotraen al ambiente misterioso de Comala, la tierra de Pedro Páramo, en el que los muertos hablan y se escuchan entre sí a través de las paredes. La tienda de los Varón, conocida por quienes vivimos en la 22, convertida en la tienda de los Bardón en la novela, la iglesia del Carmen, las dos Clemencias que cultivaban pájaros y gatos en la Avenida Primera, las bandadas de golondrinas que por épocas inundaban a Montería con sus repiqueteos chirriantes y su lluvia de deyecciones, nos llenan de nostalgias que sólo pueden ser recreadas por el arte, en este caso con este relato evocador escrito por el doctor Marco de León, que bien cabe dentro del, llamémoslo así, realismo mágico sinuano. Me quedaron pendientes dos cosas: una alusión, que no vi, a la peluquería de David, en la esquina de la 22 con 8, donde me hice una vez la pollina, una variante del motilado que ahora se conoce entre los futbolistas y los jóvenes como el corte mohicano, y cómo es que, según reitera el autor, uno puede navegar en la lluvia cuando esta sube. No digo más porque no quiero convertirme en un spoiler, pero me hubiera gustado referirme a los monólogos interiores con los que se comunicaban Carmelo y la tía Nena, lamentando su falta de audacia en medio de la soledad, y a las fantasías recurrentes de Mito con pájaros, zorras y gatos. *Decano FCS, Unisinú -EBZ-.