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Opinión

Evocación del maestro Armando

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
24 de abril de 2024

Hace 28 años, la partida del maestro Armando Contreras, "el trompeta de oro", conmocionó a la comarca sabanera. Su legado musical y humano perdura en Chochó, su tierra natal.

Por Aníbal Paternina Padilla Hace 28 años la comarca sabanera vivió consternada por la partida del maestro Armando Contreras (el trompeta de oro) fallecido en lamentable accidente de tránsito recordado por todos. Aún están vivos los recuerdos de aquel 14 de abril de 1996 en que se cumplieron las honras fúnebres ante una apoteosis jamás vivida en Chochó, su tierra natal. Ahí ante los despojos mortales del afamado artista, amigo y compadre, nos correspondió, además de otros amigos, dirigir unas palabras con una voz trémula porque sentimos con profundo dolor la desaparición del virtuoso juglar que entrañó para Chochó, Sincelejo y toda la Sabana que tanto amó, la mayor de las calamidades que pudieran sobrevenirle durante el curso de 1996, especialmente para nuestro amado folclor que fue para Armando Contreras sangre de su sangre. El inolvidable "trompeta de oro", como se le conoció administró con esmero y decoro el bello arte musical con el complemento de su inteligencia como compositor y arreglista, al frente de su famosa y reconocida Banda Juvenil de Chochó, en cuyas actividades no conoció linderos, fue un consejero constante de los que gustosos depositamos en él los secretos de su conciencia, además de ser el báculo de los amigos que necesitaron su ayuda. Huérfanos quedaron tu familia y tu amado pueblo chochoano que honraste con tanto celo y entusiasmo. Lo prematuro e inesperado fallecimiento del gran artista y amigo, lo rudo del golpe que recibieron nuestros corazones, aún no nos ha permitido aprovechar aquel doloroso instante para seguir exaltando sus obras dentro del inmenso campo de su arte musical. Pero bástate saber Armando, cuán sinceramente te apreciamos en la vida terrígena, cuánto sufrimos su eterna ausencia y cuánto el estupor que nos causa ver que te adelantaste a nosotros en el ineludible viaje hacia las regiones donde residen los ángeles y las almas acogidas en el paraíso, rodeado de los resplandores de la gloria. Las paredes que construiste y habitaste, y de las que parecías un constante enamorado, como fuiste de tu trompeta seguirán repercutiendo con el eco de tus porros y fandangos. Huérfanos quedaron tu familia y tu amado pueblo chochoano que honraste con tanto celo y entusiasmo. Que el Señor esté siempre a tu lado como la mejor presea que reciben en el cielo los buenos hijos de la Tierra.