
Estigmas desatinados

Se critica la estigmatización de la juventud como "débil". La autora argumenta que el problema radica en el legado de adultos irresponsables, sembrando vicios y prejuicios.
Por Olga Lucía Bustamante En forma muy imprudente, algunas veces se emiten conceptos ligeros, sin tener en cuenta que se está estigmatizando una situación, persona o cosa. Considerar la actual generación de jóvenes, dentro de un concepto globalizado de 'debilidad', es un exabrupto, incorrecto, inconveniente y grosero. Dentro de una familia, comunidad o sociedad, siempre habrá excepciones, en cualquiera de las direcciones, por carencia o por exceso, y, de ambos, hay cantidades. Lo único cierto es que los adultos somos el espejo donde se identifican los nuevos embriones humanos, en su primera etapa de vida. Exponemos ante ellos pensamientos coherentes, y muchos otros confusos, vagos y tibios, aprendidos por imitación, fruto de la irreflexión, y no, del análisis profundo, término que muchos desconocen. En el transcurrir del tiempo, siempre, muchas cosas cambian entre generaciones: conceptos, actitudes, pensamientos, sentimientos, hábitos y costumbres. Y ninguna es más buena o menos buena, si se enmarcan en la lógica de lo que significa bienestar, unas son acertadas, otras inconvenientes. El problema radica en las posiciones interpretativas radicales y egoístas, confusas y desatinadas. No solo se heredan rasgos físicos; se hereda la ignorancia fruto del desconocimiento consciente o inconsciente; el facilismo reflejado en la holgazanería; la vulgaridad 'normalizada' en el actuar y hablar diario; la superficialidad y trivialidad que desconoce metas y mundos trascendentales; el concepto de riqueza basado en tener, no, en Ser; el orden de prioridades manejado de manera utilitarista y ruin; la capacidad de menosprecio a quienes son diferentes o poseen menos. No es la nueva generación 'débil'. Es el legado blandengue, flojo, apático e infame, de algunos mayores, oportunistas, descreídos y deshonestos, que, en su papel de formadores y educadores siembran vicio, prejuicio y perjuicio, sin asumir responsabilidad. Se requiere la presencia de las personas mayores, responsables, que blinden, protejan y aclaren, a los niños y jóvenes, los peligros y desvíos que amenazan el equilibrio humano y natural. El sentido común lo pusimos en OFF: El no aceptar que perder es tan importante como ganar, que reconocer una carencia es grandeza, que la belleza y la fealdad son relativas. Nos venden estereotipos y clichés desgastados e innecesarios que alejan del bienestar natural. Sí, existen enfoques inteligentemente analizados, otros, frutos de la ceguera, y cada uno debe cargar con las consecuencias del camino y la forma que elijan. Así se comporta el libre albedrío. "Para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común." Decía Napoleón I. ¡Ojo! La vida y su bienestar, dependen de los filtros y la protección que se les dé, porque abundan los depredadores al acecho.