
Estatura moral de los gobernantes

En las próximas elecciones, la ciudadanía debe evaluar la idoneidad de los candidatos, ante desafíos de seguridad y reformas políticas. La moral y experiencia son claves para evitar decepciones y garantizar un buen gobierno.
Por Bibiana Cabarcas Ad portas de elegir nuevos gobernantes locales y regionales, la ciudadanía se debe preguntar en manos de quién van a poner su futuro y el de sus hijos en los próximos cuatro años, máxime cuando nos estamos enfrentando a una debacle a nivel de seguridad como la vivida en los años ochenta, y también a unas reformas que pueden llevar al traste lo conseguido desde Uribe hasta Duque. Pensemos por un momento a lo que nos veríamos abocados la ciudadanía, de ser aprobada la reforma a la salud, de enfrentarnos a la prepotencia o negligencia de los empleados públicos de las alcaldías y gobernaciones para una remisión a un especialista, a una clínica o para seguir con un tratamiento que podría salvar una vida; imaginemos las largas filas desde tempranas horas de la madrugada para pedir un tratamiento médico, una consulta especializada o una fórmula médica, este acabose se podría evitar si los legisladores le ponen la talanquera a las absurdas reformas que son más un capricho ideológico del Presidente, que una sesuda investigación técnica que llevaría a mejorar lo ya construido. Es por esta razón que la estatura moral de quienes lleguen al poder debe pesar mucho a la hora de elegir, y no dejarse llevar por las emociones que despierta una campaña diseñada desde el marketing político. Se vale preguntarnos antes de depositar nuestro voto si, el candidato tiene antecedentes penales o disciplinarios, ha estado vinculado con anteriores administraciones y qué tipo de administraciones fueron; ¿ha sido un ciudadano ejemplar? Cómo se comporta en público y qué clase de padre, esposo o hijo ha sido. Qué estudios tiene, qué experiencia tiene en el manejo de la administración pública o de presupuestos en general. Ya es hora de dejar de elegir al que nos caiga bien porque saluda y sonríe mucho, pero carga detrás de sí todo un prontuario y tiene socios de dudosa reputación. También es hora de darle la oportunidad a aquellos que realmente quieren a su comunidad y han trabajado por ella desde mucho antes de las elecciones, tal vez de esta manera nos encontremos con menos arrepentidos y con más satisfechos con sus gobernantes. La administración pública debe ser vista como una oportunidad para servir a las comunidades, para ser unos verdaderos agentes de transformaciones en las sociedades y de pasar a la historia como gigantes morales y cívicos, y no como se lo están tomando ahora, los oportunistas y mercaderes de la política, que la ven como su única vía para enriquecerse y de alcanzar una notoriedad que por sus propios méritos jamás lograrían.