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Opinión

Estatura moral de los gobernantes

Bibiana Cabarcas
Bibiana Cabarcas
Columnista
16 de agosto de 2023

En las próximas elecciones, la ciudadanía debe evaluar la idoneidad de los candidatos, ante desafíos de seguridad y reformas políticas. La moral y experiencia son claves para evitar decepciones y garantizar un buen gobierno.

Por Bibiana Cabarcas Ad portas de elegir nuevos gobernantes locales y regionales, la ciudadanía se debe preguntar en manos de quién van a poner su futuro y el de sus hijos en los próximos cuatro años, máxime cuando nos estamos enfrentando a una debacle a nivel de seguridad como la vivida en los años ochenta, y también a unas reformas que pueden llevar al traste lo conseguido desde Uribe hasta Duque. Pensemos por un momento a lo que nos veríamos abocados la ciudadanía, de ser aprobada la reforma a la salud, de enfrentarnos a la prepotencia o negligencia de los empleados públicos de las alcaldías y gobernaciones para una remisión a un especialista, a una clínica o para seguir con un tratamiento que podría salvar una vida; imaginemos las largas filas desde tempranas horas de la madrugada para pedir un tratamiento médico, una consulta especializada o una fórmula médica, este acabose se podría evitar si los legisladores le ponen la talanquera a las absurdas reformas que son más un capricho ideológico del Presidente, que una sesuda investigación técnica que llevaría a mejorar lo ya construido. Es por esta razón que la estatura moral de quienes lleguen al poder debe pesar mucho a la hora de elegir, y no dejarse llevar por las emociones que despierta una campaña diseñada desde el marketing político. Se vale preguntarnos antes de depositar nuestro voto si, el candidato tiene antecedentes penales o disciplinarios, ha estado vinculado con anteriores administraciones y qué tipo de administraciones fueron; ¿ha sido un ciudadano ejemplar? Cómo se comporta en público y qué clase de padre, esposo o hijo ha sido. Qué estudios tiene, qué experiencia tiene en el manejo de la administración pública o de presupuestos en general. Ya es hora de dejar de elegir al que nos caiga bien porque saluda y sonríe mucho, pero carga detrás de sí todo un prontuario y tiene socios de dudosa reputación. También es hora de darle la oportunidad a aquellos que realmente quieren a su comunidad y han trabajado por ella desde mucho antes de las elecciones, tal vez de esta manera nos encontremos con menos arrepentidos y con más satisfechos con sus gobernantes. La administración pública debe ser vista como una oportunidad para servir a las comunidades, para ser unos verdaderos agentes de transformaciones en las sociedades y de pasar a la historia como gigantes morales y cívicos, y no como se lo están tomando ahora, los oportunistas y mercaderes de la política, que la ven como su única vía para enriquecerse y de alcanzar una notoriedad que por sus propios méritos jamás lograrían.