
Estado de salud

Dos asuntos en la vida son señal de riqueza: la tranquilidad y la salud.
Ha sido así desde los tiempos del silencio y la quietud rural, hasta nuestros días de ruido e inteligencia artificial. Riqueza no es acumulación de dinero y propiedades, como gritan desde sus altavoces los señores burgueses. Riqueza es paz interior y buena salud. La primera es un logro conjunto de la familia en la que nacimos, la Iglesia Universal en la que fuimos bautizados y el entorno en el que crecimos. Llegada la hora, puede desarrollarse de manera armónica en el sistema educativo. Solo si aprendemos a ver la biblioteca como un lugar sagrado en el que accedemos a lo mejor que nos han guardado los siglos y las mentes brillantes de nuestra especie. Si, por el contrario, preferimos estar lejos de los libros, es probable que la paz no encuentre asidero en nuestras almas. De igual manera, el contacto equilibrado con los medios de comunicación y las redes sociales es un factor importante para preservar nuestra propia paz. Hablo de equilibrio porque los medios de comunicación hacen parte de un gigantesco negocio multinacional que, en la gran mayoría de los casos, solo quiere hacernos consumir miedo y desesperanza. Para luego vendernos lo que sus dueños entienden por seguridad y panacea. Los propietarios de las redes sociales, por su parte, son felices volviéndonos adictos al algoritmo y al consumo, haciéndonos malgastar lo más valioso que tenemos: tiempo. Solo con la madurez de los años entendemos que la familia, el tiempo y la salud son los grandes tesoros de nuestra vida. Ningún otro se les iguala, por más que quisiera. Un ser humano puede llegar a ser el más rico en dinero y propiedades del planeta, pero si no tiene familia con quien disfrutar, tiempo para compartir, ni salud para andar en libertad, puede sentirse como el más pobre entre los pobres. Hablo de la salud como algo más que un simple derecho consagrado en todas las constituciones y en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios…". Por ello no puede ni debe considerarse un negocio: al hacerlo atentamos contra nosotros mismos como especie. Postdata: aprovecho para agradecer al personal médico y administrativo de las Clínicas Santa María y Cardiovascular de Sincelejo, por los cuidados, excelencia y profesionalismo con el que trataron esta semana a nuestra Reina Madre. Bendiciones infinitas.