
Estaba previsto

Tras la elección presidencial, se cumplieron predicciones alarmantes: impunidad, violencia, economía en crisis y concesiones a grupos armados. Colombia enfrenta un futuro incierto.
Por Álvaro Bustos González* Luego de la elección del actual presidente, aquí se hicieron algunas consideraciones que resultaron premonitorias. Mala cosa fue pedirle al fiscal general que “soltara a los muchachos” de la primera línea, muchos de ellos incursos en delitos graves. Hay que estar muy sesgado para interpretar aquellos desmanes como un justiciero estallido social, y hay que ser muy ingenuo para poner en manos ensangrentadas la responsabilidad de gestionar la paz. Después se aludió a la pretendida “potencia del amor”, que debería estar signada por la ausencia de las diversas formas de violencia enquistadas en nuestra sociedad, y al ojo que habría que ponerles a los acomodos parlamentarios, debido al inveterado apisingamiento de nuestros políticos, que dieron, en su mayoría, un espectáculo grotesco, logrando la coalición de las antípodas: conservadores haciendo parte del gobierno, por ejemplo. Peor no pudo suceder. La violencia siguió su marcha triunfal y los congresistas parece que sólo hasta ahora, bastante tarde, comenzaron a tomar distancia de los disparates propuestos en las reformas presentadas con claros propósitos estatizantes. También se predijo que al narcotráfico nadie le perturbaría su productivo sueño, y se recordó que el perdón sistemático a los criminales no lograría aclimatar la paz que, como se ha visto de manera insistente, en Colombia es letra muerta. Hoy el país está de nuevo en manos del hampa, y la fuerza pública parece anestesiada, sin ningún vigor, víctima de humillaciones reiteradas. Los impuestos crecieron y nadie rompió vidrios ni quemó buses; el costo de vida se trepó, al igual que el dólar, la gasolina y los tiquetes aéreos, mientras los restaurantes y el turismo yacen heridos de muerte por culpa de políticas erradas que surgen de magines infectados de obcecaciones teóricas y odio por el capital y el esfuerzo individual. Finalmente, se advirtió que al ELN y a las tales disidencias de las Farc se les admitirían todas sus exigencias. Ya pasará como una nube viajera la indignación por el asesinato a mansalva de unos jóvenes soldados en estado de indefensión, e insistirán en persuadir por las buenas a las hienas para que no sigan depredando lo que todavía nos queda de sociedad, siendo que la paz verdadera sólo es dable con autoridad y orden, es decir, con justicia sin contemplaciones. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.