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Opinión

Ese fugaz viajero del tiempo

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
8 de septiembre de 2025

El tiempo, un río que fluye sin cesar, lleva consigo momentos y recuerdos como hojas marchitas que se precipitan a navegar sobre las aguas. A veces, parece que corriera más rápido, como si las horas y los días se desvanecieran en un suspiro. Entonces, ¿por qué decimos que el tiempo vuela de esta manera? Tal vez porque nuestra percepción del tiempo cambia con la edad y las experiencias.

Cuando somos jóvenes, cada momento es nuevo y conmovedor. El tiempo parece frenarse en su vuelo. Pero a medida que acumulamos años, nuestras vidas se vuelven más rutinarias. Los días se mezclan en una niebla de familiaridad. Parecen acelerarse. Los años pasan como estaciones. También puede ser que el tiempo sea relativo, y su velocidad dependa de nuestra perspectiva. Cuando estamos felices, el tiempo vuela, pero cuando hay tristezas o desgano, deambula con apatía. El tiempo es un espejo que refleja nuestras emociones y experiencias. En cualquier caso, esta dimensión es un misterio que nos envuelve y nos lleva consigo. Aunque no podemos detener su rumbo, se puede aprender a apreciarlo y a vivir cada momento con intensidad y conciencia. En el fondo, dicha magnitud no es solo una medida del pasado, presente y futuro, sino una oportunidad para crear recuerdos y experiencias que nos haga sentir vivos. Cada momento es una pincelada que añade profundidad y significado a la obra maestra que creamos. Los recuerdos son los trazos que dan urdimbre y relieve a nuestra existencia. Las experiencias son tanto las sombras como las luces que modelan el alma. No es que el tiempo se escurra veloz como un rayo, ni que el reloj, cruel y ruidoso, acelere su tic-tac hacia el fin. Es nuestra conciencia, esa frágil barca en la marea de los días, la que se arrastra, la que se desvía. Somos nosotros, al final, quienes atravesamos la vastedad impasible de su eterno presente, dejando en su orilla las huellas de nuestra existencia: el eco de una risa, el peso de una lágrima, la sombra fugaz de un deseo. El tiempo permanece inmutable, y somos nosotros, con nuestra urgencia y nuestro aliento vital, los que pasamos por él, llevándonos en el rostro las marcas de la distancia recorrida. Cada día es un regalo que nos permite escribir un nuevo capítulo en la historia de nuestra vida, y cada momento la oportunidad para dejar una huella imborrable en el lienzo del tiempo.