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Opinión

Escritos en contravía

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
11 de febrero de 2024

Eduardo Escobar, en su nuevo libro, critica la corrección política y la mitología social. El poeta lanza controvertidas afirmaciones sobre la belleza, las revoluciones y el significado de la vida.

Por Álvaro Bustos González En una recopilación de crónicas y ensayos breves de reciente aparición, el poeta Eduardo Escobar, que a estas alturas de su vida ya no tiene nada de nadaísta, se refocila dándole varapalos a la feligresía bienpensante que fertiliza con sus correcciones políticas la mitología social predominante, haciendo afirmaciones genéricas que algún escozor deben de producir. Veamos algunas. Dice el bardo que "No hay peor desgracia para una mujer que la conciencia de su belleza". Otro había dicho antes, quizá el compositor Caetano Veloso, que "La belleza es la mayor virtud de la mujer". No quisiera imaginarme la indignación del feminismo militante frente a tales asertos. Claro está que la importancia de una mujer no radica solo en su hermosura, pero ella ayuda, y mucho. Sería mejor, sin embargo, que además de bella, la mujer fuera inteligente, cultivada y profesionalmente honesta, acatada por su sabiduría. Más adelante afirma que "No hay paraíso sin serpiente". Creo entender que no hay que hacerse muchas ilusiones, que ninguna dicha es completa y que siempre estaremos expuestos a incomprensiones, ingratitudes y traiciones; de ahí que una alta dosis de estoicismo sea conveniente para no sucumbir a los inevitables avatares de la existencia. El exceso de confianza en la bondad ajena puede no ser aconsejable. Luego asevera que "Todos los procesos revolucionarios acaban por establecer nuevas iglesias, dogmas, evangelios y demonios". Esto, más que advertir sobre la necesidad de practicar una fe menos irracional (alguien dirá que la fe, para ser así considerada, debe ser irracional), está dirigido contra las utopías políticas que terminan en dictaduras oprobiosas orientadas por avezados manipuladores y propagandistas que encandilan a la gente con su verbo falaz y sus promesas de vendehumo. Finalmente, el vate expresa algo que se debe tener en cuenta en los ambientes académicos, que suelen encandilarse con las tecnologías de relumbrón: "Vivimos en un mundo de maravillas técnicas y desprovisto de significado". Así es. Una conversación sobre estos temas con jóvenes universitarios nos descubre que la vida ya no parece tener sentido. Todo gira alrededor de la eficiencia y la productividad, y nada tiene que ver con la filosofía ni con las humanidades, como si todo estuviera condenado a robotizarse. Por eso Borges tiene razón: "El arte es lo único que podrá salvarnos". Ni más ni menos. Se requiere con urgencia un nuevo Renacimiento en contravía.