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Opinión

Esa Colombia, la profunda y olvidada

Carlos Hernán Rodríguez Becerra*
Carlos Hernán Rodríguez Becerra*
Columnista
19 de octubre de 2024

El Premio Nobel de Economía galardonó estudios sobre cómo las instituciones impactan la prosperidad. Un análisis compara el éxito de países con legados coloniales, destacando la geografía como factor clave.

Por Carlos Vargas Rodríguez El Premio Nobel de Economía de este año fue otorgado a los economistas Daron Acemoglu, Simon Jhonson y James A. Robinson, por sus estudios sobre cómo se forman las instituciones y cómo afectan la prosperidad de las naciones. Parte de estos estudios están condensados en el libro Por qué Fracasan Los Países, publicado en el 2012. En este libro, los autores hacen una profunda reflexión de los colonialismos y su efecto en el desarrollo y progreso de una nación, señalan que, en gran parte la adversidad de muchas naciones es el haber tenido una injerencia colonial desafortunada y centran parte de sus análisis en la comparación entre países que contaron con colonialismos exitosos como EE.UU. y otros en donde, como en América Latina, recibieron expansiones y dominios coloniales, según ellos, desafortunados. En pocas palabras, argumentan que desde el principio muchas naciones comenzaron mal su crecimiento por su ADN colonial, en desventaja con otras que asumieron legados favorables, que marcaron su futuro. Esta teoría, es complementaria de otros estudios que hablan de un listado de factores de éxito para la configuración de una nación, y entre ellos está la composición geográfica. La geografía de un país puede ser una ventaja en el contexto de desarrollo o por el contrario una desventaja, un ejemplo citado por el escritor Ray Dalio en su libro Nuevo Orden Mundial, es también el de EE.UU., dice el Dalio que la gran extensión de esta potencia, que va territorialmente de oeste a este, con dos mares y una composición geográfica mayormente plana, ha permitido una expansión, a través de vías de comunicación, terrestres, férreas y áreas, que han sido en parte, motor de su crecimiento. Aludo a estos factores para referirme a nuestro caso, a Colombia; no quiero ahondar en la tesis colonialista como factor clave. Sobre este apartado hay muchas discusiones y en últimas, pasa como en la familia, en donde los vínculos no se pueden deshacer, están ahí y no van a cambiar, pero sobre la geografía si hay de qué hablar y considerar que nuestro país, con tres cordilleras que dividen el territorio, con amplias zonas selváticas de difícil acceso, con vías de comunicación escasas y mal diseñadas, ofrecen un panorama difícil de manejar. Esto ha traído consigo lo que muchos analistas dicen sobre las dos Colombia, la central, en donde está el poder, los recursos y capacidad de gobernanza y la profunda, la otra, que está en los extramuros, que se nos hace ajena, compleja y olvidada, la misma que describe con lujo de detalles José Asunción Silva, en su obra centenaria La Vorágine. Esa otra Colombia, la que lleva la peor parte, no le interesa a nadie, incluso ya ni en la escuela secundaria hablan de ella, es por eso quizá, que los estudiantes de la otra Colombia, la de los privilegios no la conoce, no se la imaginan y tampoco les interesa. En ese "otro país", está el corregimiento El Plateado, en el Cauca, que lleva décadas con sus mismos problemas y que en los últimos días ha sido noticia. El Plateado ha sido ignorado por todos los gobiernos, los de derecha llegaron con operaciones militares y el de Petro llega también a realizar más de lo mismo, la reiterada estrategia militar, esa misma que se volvió una excusa, para no encontrar soluciones estructurales a los problemas que son un estándar en cientos de poblaciones, pero este gobierno, que dice ser "del cambio" hizo algo que los demás no hicieron y es que llevó de paseo a sus ministros, a esos que hablan de equidad y justicia social a ese territorio, para que en un pequeño tour expres, como la campaña cívica del Ejército "soldado por un día", vieran con sus propios ojos, esa otra Colombia y reafirmaran que sí es cierto lo que dicen algunos sensatos, que la pobreza, desidia y abandono estatal son una realidad y no una historia macondiana.