
Es la economía, estúpido

"Es la economía, estúpido" resurge. Colombia enfrenta desafíos económicos con más impuestos, burocracia ineficiente e inseguridad, mientras el gobierno prioriza otros asuntos.
Por Bibiana Cabarcas "Es la economía, estúpido" celebre frase de James Carville, asesor exitoso de la campaña que llevó a la presidencia de USA a Bill Clinton en 1992, superando al republicano George Bush padre. Luego de muchos años, esta frase cobra relevancia a nivel mundial y especialmente debería ser tenida en cuenta, por los asesores, si es que los tiene, del presidente Petro. No es muy difícil suponer que a nadie le gusta que le metan la mano al bolsillo, que le resten poder adquisitivo y que encima, quien lo está esquilmando, use ese dinero, trabajado y obtenido con esfuerzo, para darse la gran vida junto con sus compinches. En nuestro querido país, que pasa por el experimento de estar en manos de un gobierno "progresista" enfrentamos esta dificultad; más impuestos, un estado con una gran e ineficiente burocracia, una economía en deterioro y una inseguridad galopante. El presidente parece que se ha olvidado de los problemas cotidianos y de las necesidades más perentorias de los ciudadanos, para ocuparse de guerras ajenas y para pelearse en redes sociales con Raimundo y todo el mundo, mientras que el país, sigue rumbo hacia el despeñadero. Difícil la tiene quien lo venga a reemplazar en el 2026. Las políticas restrictivas en inversión, que lleva a cabo el actual gobierno, traen como consecuencia una paralización de la economía al no incentivar la iniciativa privada e impide la creación de empleo. También ha recortado el presupuesto para obras de infraestructura, investigación y nuevas tecnologías, esto sin contar con el desastre ocasionado al sistema de salud al empeñarse en hacerse aprobar una reforma nefasta; igualmente el sector de las pensiones y la reforma laboral con toda la carga que se le encima al sector productivo. La recaudación de impuestos viene de capa caída, lo que supone un recorte drástico en el presupuesto de la nación. La confianza de los inversionistas en nuestro país se ha esfumado, y lastimosamente, recuperarla nos costará muchos años. Nadie vive de ideologías, esta no va a poner un plato en la mesa para alimentar a nuestras familias, se deben estructurar políticas serias que lleven la prosperidad económica a todos los sectores sociales. Hay que partir del hecho de que la actividad empresarial genera riqueza, empleo y es la que aporta los recursos al sector público, sin ella la economía no crece y el sector público no contará con recursos suficientes para funcionar. Perseguir al empresario es el camino seguro hacia una debacle económica de la cual tardaremos años en salir.