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Opinión

Es el modelo, muchachos

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
6 de junio de 2024

En 1981, Belisario Betancourt prometía un cambio en Colombia. Tras su presidencia, el país avanzó en salud y educación, pero aún enfrenta desafíos económicos y sociales.

Por Fernando Negrete Montes Corría el año 1981 y Belisario Betancourt, aspirante a la presidencia de Colombia presidía una concentración en el parque Berrío de Medellín ante miles de seguidores que se ilusionaban con el discurso del candidato que decía que no entendía por qué los gobernantes no arreglaban los problemas del pueblo, pero que bajo su gobierno todo eso sería superado para que no hubiese niños sin educarse, personas desempleadas y gente con hambre. Al asumir la presidencia de la República en 1982, uno de los puntos que llamó la atención del discurso de Belisario fue afiliar el país a la Organización de los Países no Alineados, Noal, y hacer un proceso de paz con la guerrilla en la que voló la paloma de la paz y en una de las manifestaciones realizadas en la plaza de Bolívar de Bogotá, Gabriel García Márquez escribió en el piso: "Viva la paz con los ojos abiertos". Pese a los buenos augurios, Belisario Betancourt terminó "pidiendo tiempo", igual a sus antecesores, cuyo remate fue el fracaso de las negociaciones con las Farc, la toma del M-19 al palacio de justicia y la tragedia de Armero, diluyéndose las esperanzas de paz porque los siguientes períodos presidenciales estuvieron cruzados por la violencia del narcotráfico, el paramilitarismo y el fracaso de diálogos de paz, excepto los previos a la Constituyente de 1991. En cuanto a lo local, con una dependencia total del nivel central era poco el margen de operación de las administraciones públicas, sus rentas propias eran exiguas y las empresas que existían eran los establecimientos públicos del orden nacional y las empresas industriales y comerciales del Estado, situación que cambió con la Constitución de 1991 al aumentar el monto de las transferencias y universalizar la elección popular de alcaldes y gobernadores. Mirando en retrospectiva y desde 1991, se observa que en 30 años el país construyó un sistema de salud y educativo con coberturas cercanas al universo, un sistema pensional que facilitó la creación de un mercado de capitales para la inversión productiva, una institucionalidad que le dio estabilidad al país, la ampliación de las redes urbanas de saneamiento básico, el sistema vial nacional, lo cual requería mejorarlo, organizarlo y hacerlo transparente de forma total. Procesos que no le preocupan al actual Presidente al decir que su cambio requiere una nueva institucionalidad y como no se puede por vía legislativa, se deberá acudir al constituyente primario y mientras tanto, los problemas del país se incrementan, entre ellos la economía que hoy se resiente con un menor recaudo tributario que en abril cae un 10%, mientras los docentes sienten en carne propia el deterioro del sistema de salud, pese a que sus líderes digan que la culpa es de Fiduprevisora. Nada de eso. La culpa es del modelo, muchachos.