
Error de Caldera

Fabricio de Maquiavelo nos regala una regla que, de haberla tenido en cuenta el presidente Caldera de Venezuela y todos los que negociaron con las guerrillas colombianas, otro gallo cantara hoy, dice “Lo que beneficia al enemigo te perjudica a ti; y lo que te beneficia a ti, perjudica al enemigo” y es que definitivamente con el agresor no se negocia, se le vence, se le domina y se le cobra caro el daño que hacen.
El fallecido presidente Caldera de Venezuela, la otrora tacita de plata de Latinoamérica, cometió el error de indultar a Hugo Chávez, por allá en 1994, y a otros militares involucrados en el fallido golpe de estado de 1992, lo que permitió que salieran de la cárcel y se propiciara el camino de Chávez hacia a la presidencia años después. De todos es sabido las consecuencias desastrosas que dicha decisión ha tenido, no solo en Venezuela, sino también en la región, y por supuesto y con mucho más énfasis, en Colombia. No solamente por la diáspora a que se vieron obligados millones de venezolanos, sino también por el incremento de la violencia en nuestro país, no es un secreto que el cartel de los soles existe y que se financia con la cocaína que sale de nuestras selvas. Este dinero sucio del narcotráfico alimenta la prolongada guerra colombiana que, ya no es ideológica, se ha transformado en guerra por el control de los pasos para la salida de drogas hacia el exterior. Y como en río revuelto ganancia de pescadores, en este maremágnum caótico de drogas y violencia, salen los lobos de la política a reclamar sus “ganancias”, a proclamarse los redentores del pueblo, con palomitas blancas de la paz colgadas de sus solapas recibiendo premios internacionales pisando alfombras rojas posadas sobre los cadáveres de sus connacionales. Pobre Colombia, que como Shakira; ciega, sorda y muda, tomó la terrible decisión de votar por un fiel representante de ese caos, y ahora, ese potro cerrero que es nuestro país, está montado por un presidente díscolo y amante de los discursos trasnochados de los años sesenta de Fidel Castro y sus esbirros, y nos dirigimos desbocados y sin frenos hacia el abismo. Oigo con preocupación a los mismos de siempre ponderar al heredero de Petro y de las Farc pidiendo que se vote por él, aún teniendo el ejemplo de Venezuela, a éstos no les importa, solamente sacan cuentas frotándose las manos, de cuánto dinero de mala procedencia va a entrar en sus cuentas del exterior, lo que les asegura un futuro próspero a ellos y sus familias fuera del país. La masa informe que quieren los izquierdosos que les voten tiene figura, cara, conciencia y sentimientos, los colombianos no son corderitos sin pensamientos; nos enfrentamos a un quiebre del que no hay regreso, o somos Colombia grande y próspera o somos la segunda Venezuela. Dios nos ampare.