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Opinión

Erasmo, presidente

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
6 de febrero de 2026

Queridos lectores del Sinú, la Sabana y el San Jorge: Dios y El Meridiano me dieron la oportunidad, hace 3 años, de compartir este espacio de reflexión semanal.

Ustedes han podido constatar, cada viernes, que la política es un tema que casi nunca trato en esta columna. Por múltiples razones, cito tres: porque me resulta aburrida, genera divisiones y engendra violencia. Creo que es mucho más importante escribir para edificar al lector, escribir para unir lo que está roto en la sociedad o escribir para alegrar la vida durante los minutos que transcurre la lectura. Hoy quiero hacer una excepción, porque esta semana ocurrió algo extraordinario. Que un político se baje de su camioneta blindada y se tire a una peligrosa corriente desbordada, por encima de una carretera en plena noche; y que inspire a su escolta personal para salvar la vida de un pobre joven aferrado a su moto, impidiendo que se ahogue con su rápida acción eficaz, es algo digno de admirar aquí y en Cafarnaúm. En un país en el que estamos acostumbrados a que los políticos se roben el presupuesto de la salud y maten a cientos de miles de usuarios por falta de atención, tratamiento adecuado o carencia de medicamentos. Un país en el que los políticos se roban el presupuesto de la educación y matan a cientos de miles de jóvenes, condenándolos a los infiernos de la guerra, la droga o la prostitución. Un país donde el hampa impone leyes. Un país en el que los políticos se roban el presupuesto de vías, desastres, cultura, deporte, vivienda y todo lo inventado o por inventar. Vivimos en un país gobernado y administrado por la dictadura de la corrupción, que no es otra cosa que la dictadura de la ignorancia. Porque los políticos colombianos desde el siglo XIX no tienen idea de lo que es gobernar o administrar. Fueron malformados por los antivalores de la criminal revolución francesa, actualizados con los del narcotráfico, la guerra, el “sálvese quien pueda” y la crueldad de un régimen que solo le sirve a unas minorías vulgares, mezquinas e incultas. Que un político del Caribe haya salvado la vida de un joven desconocido. Un político que nació rodeado de los privilegios de la burguesía, que come bien desde niño, conoce varias lenguas, hace deporte, viaja por el mundo y se educó en una universidad que fundaron sus abuelos maternos hace más de medio siglo. Un hombre capaz de exponer su vida de comodidades para salvar la de un desposeído. Un buen samaritano. Un hombre así merece ser presidente. Si se sigue formando, será la mejor opción en 2030.