
Era sabido, pero…

Venezuela: Tras las elecciones, el escenario estaba predicho. Fraude, protestas y rechazo internacional marcan el pulso. ¿Cómo actuar para derrocar al régimen?
Por Arianna Córdoba Díaz* Que si hubiéramos podido y fuera permitido el 70 % o más de colombianos habilitados para votar lo habríamos hecho gustosamente a favor de Edmundo González, era sabido. Que la oposición al régimen dictatorial de Nicolás Maduro y compañía, representada valiente e inteligentemente por María Corina Machado y encarnada en Edmundo González iba a ganar en las urnas limpia y holgadamente las elecciones presidenciales en Venezuela el domingo anterior, era sabido. Que el régimen dictatorial de Maduro No iba a aceptar de buena gana que había perdido las elecciones y No iba a entregar el poder por las buenas y que a costa de lo que fuera (trampas, sangre y fuego) iba a intentar quedarse atornillado eternamente en el poder, era sabido. Que el descontento y la indignación de los venezolanos que se sintieron vil y evidentemente robados en las elecciones iba a tarde o temprano manifestarse en protestas y clamores, era sabido. Que la comunidad internacional -en una buena mayoría- iba a rechazar el primitivo y poco creíble montaje del CNE de Venezuela proclamando (finjamos sorpresa) a Maduro como ganador una vez más de la presidencia del vecino país, era sabido. Es decir, lo que está pasando en Venezuela, tras la contienda electoral del domingo anterior estaba sobrediagnosticado, no solo porque los gurús habían calculado estas posibilidades, sino porque históricamente no es la primera vez que eso ocurre. Ya se vio anteriormente, aunque no en las proporciones que, en esta ocasión, se manifestó masivamente el pueblo en contra del régimen; la comunidad internacional en ese entonces también rechazó, hubo mucha bulla, intenso dolor, persecuciones a la oposición, amedrentamiento a la población, ríos de inmigrantes por todo el mundo, pero Maduro ahí, valiéndose de todo tipo de triquiñuelas para aferrarse al poder, como en efecto pasó. Es por ello, que habría que pensar en actuar diferente para finalmente derrocar al tirano que tiene oprimido al valiente y bravo pueblo venezolano. Esta batalla ya es de buena parte de América contra el régimen malvado -no hay otra palabra- que es el directo responsable que casi 8 millones de personas se hayan visto obligadas a dejar su patria, a alejarse de su familia, para buscar el sustento en otros países donde no siempre son bien recibidos. Y así como históricamente se ha visto que Maduro se las ha ingeniado para escriturarse el Palacio de Miraflores, la historia y no tan lejana, nos ha mostrado que los tiranos, dictadores o altamente nocivos gobernantes terminan cayendo de una u otra manera, como Manuel Antonio Noriega, ex hombre fuerte de Panamá, que fue capturado por los Estados Unidos en 1989, tras la operación "Causa Justa" y llevado a rendir cuentas al país del Norte; o Saddam Hussein, ex dictador de Irak, que manejó con un régimen de terror ese país durante 24 años y quien en 2003 fue derrocado y obligado a esconderse en una cueva, tras la invasión – sin consentimiento de la ONU- del ejército de los Estados Unidos. *Jefe de programa de Comunicación Social – Unisinú.