
Entre sapos y Griselda

El estreno de "Griselda" reaviva el debate sobre las narcoseries. ¿Exaltan la violencia y dañan la imagen de Colombia, o reflejan la realidad y educan? Expertos analizan.
Por Arianna Córdoba Díaz* Con el inicio ayer de la emisión de "Griselda", serie que cuenta la historia de una de las fundadoras del muy criminal cartel de Medellín, protagonizada y producida por la agraciada Sofía Vergara, revivió la polémica sobre las narconovelas o narcoseries, producciones audiovisuales en las que de alguna manera Colombia siempre está en el centro de la historia con oscuros protagonistas dedicados al narcotráfico. Estas producciones que por lo general combinan la realidad y la ficción cautivan numerosa audiencia convirtiéndose en éxitos por su sintonía, de ahí que se realicen frecuentemente y no solo en Colombia sino en otros países donde han "copiado" la fórmula de las narcoseries para contar historias que muchas veces aparentan ser hazañas y exaltan de alguna manera la vida de quienes con el nefasto negocio del narcotráfico han generado tanto daño, muerte y caos. Sin duda el gran protagonista de todas estas producciones ha sido Pablo Escobar, cuyo violento accionar sigue inspirando libretos en Colombia, en Hollywood y en quién sabe cuántos rincones más para recrear su vida, con lo que no deja de mantenerse su imagen viva en la mente de la población mundial y no solo este capo icónico ha sido figura estelar, también se han visto series y películas cuya trama principal está inspirada en personajes reales dedicados al nefasto negocio de las drogas ilícitas. Sobre la polémica suscitada sobre si es conveniente o no, que continúen realizándose este tipo de producciones audiovisuales, los defensores de las mismas aseguran que se trata de segmentos de la realidad nacional que no se pueden negar, que sería tratar de tapar el sol con una mano el ocultar la oscura época del narcotráfico en Colombia – que desafortunadamente no ha desaparecido- y que como se promocionaba en "El patrón del mal": quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Argumentan así mismo, que este tipo de producciones gustan mucho a la audiencia y que mientras haya quien las vea, pues hay que darle al público lo que pida. A su vez, los contradictores de las narconovelas, advierten que con ellas lo que se logra es fortalecer la estigmatización de Colombia como un país narcotraficante y por supuesto, la imagen de los colombianos, por el suelo. Se lamentan porque con estas series lo que se fortalece es, especialmente en los más jóvenes, el imaginario de que el narcotráfico es una actividad que permite ser multimillonario en un dos por tres y que quien se dedique a esta detestable actividad será poderoso y disfrutará la vida a todo dar. Pues mientras defensores y detractores de las narconovelas siguen polemizando, estas series seguirán produciéndose, lo que pedimos es que, al menos todas den una lección ejemplarizante dando cuenta de un final funesto para los narcotraficantes, que no se exalte su vida, ni que traten de justificar que llegaron a este negocio por "circunstancias adversas de la vida", todos hemos tenido traspiés y no por ello tenemos que dedicarnos a hacerle daño a los demás comercializando alucinógenos. *Jefe de Programa de Comunicación Social – Unisinú