
Entre lo que somos y lo que vemos

La sociedad nos moldea, pero ¿qué tanto de la realidad percibimos? Entre noticias violentas y entretenimiento oscuro, exploramos la dualidad humana y su potencial de cambio.
Por Glenda K. Fuentes En palabras de algunos pensadores como Durkheim, la sociedad no solo es el escenario en el que vivimos, sino un molde que nos da forma. Lo que vemos y escuchamos cada día –esas noticias perturbadoras que inundan nuestro entorno– son solo una parte de algo más grande, de un "ser colectivo" que, en su complejidad, incluye tanto los horrores como los aspectos extraordinarios de la humanidad. Quizá, como decía Bourdieu, lo que aparece frente a nosotros es solo una parte de la estructura, y nuestras percepciones, limitadas por lo que se nos presenta a través de los medios de comunicación, las redes sociales y las instituciones, nos hacen creer que esta es la única realidad. Nos escandalizamos con las noticias violentas que muestran abusos, homicidios, corrupción, narcotráfico… y, sin embargo, encontramos un extraño deleite en programas, series y películas que recrean esos mismos temas con detalle y dramatismo. ¿Cómo es que lo que rechazamos en la vida real se convierte en entretenimiento en la pantalla? Tal vez esta dualidad refleja algo profundo en nuestra relación con la violencia y el sufrimiento humano. Solemos alejarnos de estos temas cuando el dolor es palpable y afecta a personas de carne y hueso, especialmente con alguna característica especial de indefensión: un niño, un anciano, alguien que consideramos vulnerable o "un buen muchacho." Pero consumimos ficción cargada de los mismos elementos oscuros. Es en estos escenarios donde es buen momento para preguntarnos si realmente estamos viendo el todo o solo un fragmento de la realidad. Tal vez, al reflexionar sobre esto, podamos recordar que también tenemos el poder de transformar algunas piezas de esa estructura que producen sufrimiento y desigualdad, y así imaginar una sociedad que refleje no solo su oscuridad, sino también su luz. ¿Qué pasaría si, dedicáramos más tiempo a explorar, difundir y celebrar aquellos actos de bondad, resiliencia y creatividad que también forman parte esencial de nuestra humanidad? Cada elección que hacemos en lo que consumimos, compartimos y promovemos ayuda a construir una imagen más completa de lo que somos. No para negar las realidades duras y difíciles, sino para reconocer también nuestra capacidad de sanar, aprender, aportar, cambiar servir y construir algo mejor. Bourdieu nos enseñó que nuestras percepciones son moldeadas por estructuras sociales y culturales, pero también que tenemos la posibilidad de desafiar el sistema. Si tomamos consciencia –especialmente en lo que respecta a la influencia que ejercen sobre nosotros las narrativas violentas y de dolor– quizás una elección más equilibrada nos permita ver las dos caras de la humanidad y construir unos cimientos distintos para las próximas generaciones. Al final, ver completa nuestra realidad es también comenzar a transformarla.