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Opinión

Entre la Niña y el Niño

Eduardo Muñoz Serpa
Eduardo Muñoz Serpa
Columnista
19 de diciembre de 2022

El mundo enfrenta fenómenos climáticos extremos, con pérdidas alarmantes de humedales y bosques. Colombia no escapa a esta crisis ambiental, que exige acciones urgentes y compromiso global.

Por Eduardo Durán Tal como va el deterioro del medio ambiente, el mundo está condenado a vivir entre lo que se denominan los fenómenos del Niño y de la Niña. El primero caracterizado por intensos veranos en donde la ausencia de lluvias hace estremecer a los habitantes que ven reducidas las posibilidades para mantener los cultivos y los ganados, para producir energía, y para aprovisionarse para las necesidades básicas de subsistencia. Y el segundo, como el que estamos viviendo en la actualidad, caracterizado por prolongadas lluvias que causan destrucción, representada en inundaciones y corrientes de agua que todo lo arrasan. El resultado lo vemos claramente reflejado en las cifras: El 85% de los humedales en el mundo se han perdido y 13 millones de hectáreas de bosque son arrasadas cada año. En el caso de Colombia, se han deforestado en los últimos 20 años 3,1 millones de hectáreas de bosque, lo que nos puede indicar de manera muy clara cuál puede ser el efecto de un medio ambiente sometido a semejantes deterioros. Pero lo que registramos con enorme tristeza, es que nos vivimos quejando de todas estas dramáticas cifras, pero las acciones que es necesario tomar distan demasiado de las realidades; es decir, nos contentamos con colocar paños de agua tibia para un mal que carcome a la humanidad entera. Y nada importante será posible hacer, si no se dimensiona el problema en las reales circunstancias y si no se fijan las acciones de corto, mediano y largo plazo que es necesario tomar, con el compromiso de todos los involucrados: gobierno nacional, regionales y locales, autoridades ambientales y comunidad. La ONU ha hecho un angustioso llamado al mundo para que se comprometan en un plan que ha denominado Objetivo 30x30, la búsqueda de la conservación y protección de al menos el 30% de la superficie de la tierra y el mar de aquí al año 2030. Se requiere del aporte y compromiso individual de cada uno de los países del mundo; en el caso colombiano, la obligación es tener trazado ese plan lo antes posible, para que cada organismo del Estado, y cada miembro de la comunidad, sepan cuál es su obligación al respecto. Debe tenerse en cuenta que los programas diseñados, tienen que estar dotados de un seguimiento muy preciso, para que sea posible señalar con nombre propio a todos aquellos que no cumplen, que serán los responsables del deterioro climático del país. La hora presente nos indica que estamos con el agua al cuello, seguimos hacia la época de intenso calor, y de por medio, los desastres que nos harán la vida insoportable y llena de tremendos sufrimientos.