
Ensillando el burro

Alístense, colombianos, porque de aprobarse en el Congreso la sumamente inconveniente reforma tributaria presentada por el gobierno de Gustavo Petro, muy pronto tendremos que reemplazar las motos por burros y los buses por carretillas de tracción animal.
Según lo expresado por el mandatario esta semana, —"le ponemos impuestos a la gasolina, sí, pero el pobre no usa casi gasolina"—, pareciera imaginar que la mayoría de los colombianos de recursos limitados caminamos o nos transportamos en jumentos. En su lógica, los mototaxis son utilizados por los "riquitos blanquitos" o se tanquean con agua. Los domiciliarios, entonces, llevan los pedidos en trenes fantasma construidos por su gobierno, y los trabajadores comunes se movilizan en catamaranes que recorren las calles inundadas de cada poblado. Pero no solo indigna que Petro considere la gasolina como un lujo exclusivo de los más pudientes y por eso quiera gravarla más. También resulta inconcebible que, para recaudar los 26,3 billones de pesos que espera obtener en el primer año de la reforma, se busque imponer impuestos al Acpm, a los biocombustibles y a alimentos básicos de la canasta familiar como el trigo, el arroz industrial, los aceites crudos, el azúcar, el chocolate de mesa y las pastas, entre otros. Claro, como si solo los "riquitos blanquitos" se alimentaran, aplaudirán los fanáticos de Petro. Y hay más. Las que parecen ser las archienemigas del actual gobierno —las empresas— también se verían seriamente afectadas: bancos, aseguradoras, bolsas y financieras pagarían hasta un 50% de impuesto de renta, tributo que, inevitablemente, se trasladará a los usuarios de sus servicios. A quienes disfrutan de la fiesta y del traguito también les tocará pensarlo dos veces. Las bebidas alcohólicas tendrían un IVA del 19 % además del impuesto al consumo. Pero, claro, como los pobres toman chicha, entonces que graven los licores, dirán los petristas. Y así, sucesivamente, se encuentran otras perlitas en la propuesta de reforma que, según expertos, no tiene mucho futuro, pero que de todos modos ya está sobre la mesa. Mientras tanto, el colombiano de a pie —ese que anda en moto porque no puede comprar una camioneta de alto cilindraje— se pregunta: ¿no sería mejor, en vez de imponer más impuestos, reducir la burocracia, evitar la apertura de embajadas innecesarias, dejar de crear cargos públicos inoficiosos y suspender los costosos viajes internacionales del Ejecutivo que poco o nada aportan al país, pero sí salen muy caros para los contribuyentes?