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Opinión

Enseña más el fútbol; aprendamos

Lucia Teresa Solano Berrío
Lucia Teresa Solano Berrío
Columnista
13 de julio de 2026

Una vida sin pasión, sin entusiasmo, es desabrida, insípida. A la actividad que se hace hay que ponerle una alta dosis de motivación, esa que contagia y pone al resto con ganas de hacer cosas y bien. Es emocionante ver, por ejemplo, lo que logra el fútbol con los colombianos. Es una de las pocas cosas que los convierte en un solo corazón, una sola voz, un único y fuerte deseo colectivo de triunfo. A muchos no les gusta ese deporte, pero el fervor de la mayoría los integra al coro de los buenos deseos a una selección que se esfuerza y aún no pasa de octavos de final. Si no se deja sola, seguramente, llegará más lejos.

La camiseta de la selección la viste la mayoría para manifestarle solidaridad y acompañamiento, para decirle que juntos hacen votos por el triunfo. Lo lamentable es que en otras esferas no ocurre lo mismo. Los llamados a tender puentes, a estrechar lazos, a unir propósitos y a multiplicar objetivos comunes terminan invitando a acciones que van en contravía del bienestar general. Es necesario sumar muchísimo más a la construcción de un país que tiene que salir de la barbarie, la desigualdad, la desesperanza, la corrupción, la impunidad, las plagas que lo aquejan. Si la dirigencia de este país sigue apostando por cuál es “más machito”, se equivoca. Desde el descubrimiento de América, aquí se juega con candela, a la guerra, a la imposición de ideologías y prácticas religiosas, a descabezar al adversario porque su trapo es de color diferente, porque la tierra que unos ocupan la quieren otros. Son tantas las formas de opacar a los demás que resta decir: ¡basta! ¿Para qué hojas de vida atiborradas de diplomas, de certificados de estudios que no dan fe de tanto? La confrontación no puede ser el estado de ánimo permanente de los hijos de Colombia. La discusión no es para ver quién inventa la mentira mayor y atacar al otro. Las acusaciones de faltas y delitos tienen que llegar acompañadas de pruebas y eso lo saben abogados, médicos, ingenieros, jueces, políticos, administradores, legos, teguas, ignorantes. Mientras la cotidianidad no se asuma con seriedad, seguiremos viviendo en medio de afirmaciones y negaciones absurdas y traumatizantes. Falta bastante sobriedad. Aprender debe ser de todos los días. Por algo hay que empezar. Está cerca la posesión del presidente Abelardo De la Espriella. Es preciso darle el espacio para que conforme su gabinete, para que avance en su primera tarea y no salir la montonera a descalificar a los llamados y atribuirles una larga lista de acusaciones que, en casi todos los casos, nadie sabe si son ciertas. Y, como debe ser, una vez asuma el poder, darle los prudentes cien días para que defina el rumbo que tomará su gobierno y comprobar que sus planes están orientados a hacer el milagro que prometió y que cada uno espera. Colombia ha pasado por grandes dificultades, por gobiernos con mejores calificaciones que otros. Ya es justo que se produzca un milagrito.