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Opinión

En un lugar de la percepción

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
11 de noviembre de 2024

La intuición, un sentido inexplicable y valioso, guía nuestras decisiones. Es un don que emana del universo, más allá de la razón. Confiar en ella es clave.

Por José Arturo Ealo Gaviria Intuición. Algo que no se explica. Es un sentido que se abre a través de avisos. Señala. Provoca. Previene. El estado de no pensar permite que la brújula íntima sea quien marque los derroteros. Hay una suma de todas las experiencias. Indica dónde hallar lo siguiente. Don que emana del Universo. Es regalo divino. Guarda fidelidad. Se necesita coraje para realizar lo que ordena el corazón, lo intuitivo. Allí radica el conocimiento. La intuición premiada de fortuna, no es cuestión de suerte. En ello hay algo de talento. La experiencia enseña algunas cosas: hacerle caso a la intuición, realizar mejor lo que se sabe e invertir en eso que no se hace. No se prohíbe intuir. La intuición es facultad misteriosa, mística y del conocimiento irracional. Mira con vehemencia. Permanece ahí. Apostado. Oculto. Se ubica en un lugar privilegiado del cerebro, pero este órgano ignora algunas cosas. A veces se ve obligado a improvisar. De hecho, lo hace gran parte del tiempo, alcanzando para sí nuestras experiencias, todo lo que vemos. Como regidor supremo, se enlazaría con nuestra mente inconsciente para salvarnos de ciertos peligros. Una corazonada es la creatividad tratando de decir algo. A veces, no hay necesidad de ver y tocar algo para creer en ella. Nadie nos demuestra y asegura, por ejemplo, que el sendero a tomar es el más acertado si así lo sentimos. Tampoco se ha de consultar en un centro de mucha información para saber que amamos y que somos amados. Nos lo dice el corazón. Lo dice la intuición. El intelecto siempre tiene la razón. Sin embargo, la intuición escasas veces yerra. Es el sexto sentido y capacidad natural del ser humano. Hablamos de esa voz interior que llega desde la lucidez con esa forma de corazonadas a las que algunos le dan validez. Pero las ideas "sentidas" tienen, a veces, más valor que las nociones "pensadas". Es el reflejo de nuestro propio ser. Hay voces que murmuran suspiros. Envían mensajes a través de cavernas obstruidas de la ficción. Telarañas como fugas de luz para adivinar sueños en el arco de la noche. Abrazos que exudan silencios e intuyen su penumbra en lontananza. Sin duda alguna, la intuición se ubica en el máximo pedestal como don sagrado. El pensamiento racional es un siervo leal. La Humanidad exhibe un peregrinaje donde se postra a ensalzar las trivialidades y echa a un lado ese don.