Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

En el nombre del Caribe

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
22 de diciembre de 2025

Este mapa que nos reside, este Caribe nuestro, es un pergamino grabado con tinta de sol y sombras de ceiba. Te escribo forjado en este yunque de agua y brisas, donde el tiempo no es línea recta y decapita los segundos. Es la espiral de incienso elevándose desde las entrañas de un manglar.

Fuimos concebidos cuando la primera gota de lluvia salobre besó las arenas calientes. Llevamos dualidad de hechicero y de pescador: la capacidad de invocar tormentas con sólo pensar y, al mismo tiempo, la paciencia infinita de remendar la red bajo la luz de una luna que huele a corozo maduro. ¿No hueles a veces que el aire susurra secretos antiguos, versos de lenguas que el Atlántico arrulló antes de que los mapas supieran nombrarnos? Es misticismo antiguo, danza de ancestros que no se fueron. Son brisas, y habitan el umbral de nuestros sueños, allí donde lo visible se desvanece y lo invisible cobra cuerpo. Nacimos de la sombra y de la luz: nudo ciego de contrarios que vibra en cada poro. La sombra es misterio insondable de ciénaga, silencio denso y profundo del mediodía, peso de una historia que aúlla bajito en la memoria colectiva. La luz es risa estallando por doquier, explosión de colores al atardecer quemándote las pupilas, felicidad orgánica e íntima de un café saboreándose lento en el trono que elegimos del lugar donde habitamos. Aquí, la tragedia se baila y la alegría se llora. Comprendemos en un lenguaje donde asciende la palabra y ambas caras son la misma moneda de nuestra existencia. El dolor es un río ancho, sí, pero la dicha es el mar infinito donde desemboca. Y así transitamos, desde la reflexión mística del ser hasta la celebración pura del estar. Dicho viaje íntimo no es una huida, sino un arraigo. Nos anclamos en la fe de un conjuro. Es fórmula alquímica perfecta entre lo terrenal y lo etéreo. Somos la pesadez de arcilla, la ingravidez de un ave que se suspende en el aire. Desafía la gravedad con su aleteo en frenesí. Nuestro reino es vuelta completa del sino: la vida que comienza en suspiro de sal y culmina en un suspiro sagrado. Somos manifestación de milagros cotidianos, orgullo de expresión atemporal escrita a sí misma en cada amanecer. Somos verso eterno, ritmo ideal que el universo inventó para escribirse a sí mismo. En el nombre del Caribe, celebremos el misterio sagrado de abrazarnos en estos días.