
En busca de mis raíces

Después de años anhelando el reencuentro, el autor finalmente visita Macaján, su tierra natal, tras el fin de la violencia. Un viaje emotivo marcado por recuerdos y arraigo.
Por Raymond E. Gomes-Cásseres Sábado 31 de agosto de 2019. Amaneció más temprano para mí pues era el día desde hacía tiempo esperado. Apenas abrí los ojos le di gracias a la vida porque me iba a permitir al fin conocer la tierra donde nací. A pesar de ella estar cerca de Sincelejo, no me había arriesgado a conocerla por hacer parte de una zona en donde la violencia se hizo sentir con intensidad. Por su topografía de montañas, al igual que Colosó y Chalán, guerrilleros se asentaron en sus alrededores. Ya liberada del conflicto armado por el gobierno de Uribe y por el Acuerdo de Paz con las Farc, solo esperaba el momento oportuno para cumplir con un anhelo desde hacía tiempo soñado. Y ese momento llegó con ocasión de sus fiestas patronales que ese año incluían corralejas. Me estaba bañando cuando recordé la canción de Septimio Campanela, interpretada por Ignacio "Nacho" Paredes, intitulada "Macaján"./Macaján… donde está el recuerdo de la india Marta, mi primer amor/Macaján… desde tus montañas yo toqué con ella la luna y el sol/Macaján… recuerdo su risa, sonido glorioso de mil cascabeles/ Macaján... recuerdo sus besos, para qué la gloria, para qué laureles/…. Macaján… hay que ver su ocaso y la pálida rosa de sus bellas auroras/… Con estos hermosos versos en mi mente, me embarqué junto a mi esposa rumbo a Toluviejo, en donde nos tocaba un trasbordo para mi tierra natal, esa que solo conocía a través de esta linda canción de Septimio Campanela. Arroyos cantores, montañas, arizales, pájaros carpinteros, amapolas, caracolíes, Montes de María – las descripciones del entorno aumentaban mi interés por llegar. Llegamos al Parque Central de Macaján. Al bajarme del carro me invadió un sentimiento religioso y me arrodillé y besé la tierra frente a la Iglesia. ¡Qué emoción estar pisando después de 50 años la tierra donde vine al mundo! Me dirigí luego con mi señora a recorrer bajo un sol canicular las calles del pueblo. Era tanta la temperatura que el celular con el que tomábamos fotos indicó que se iba a apagar para evitar un daño. Pero yo ese calor no lo sentía. Intentaba grabar en mi memoria todos los detalles de una población que me vio nacer. Nos acercamos a un modesto restaurante situado en la orilla de la carretera que de Macaján conduce a San Onofre. No sé si sería por la emoción que me embargaba pero el almuerzo me supo a gloria. De allí, a las 2 p.m, nos dirigimos a una cantina-estadero situada cerca a la puerta de entrada de la corraleja. Pienso que todos los seres humanos necesitamos conocer nuestras raíces, tanto paternas como maternas. Las paternas las tengo bien conocidas pero me faltaba conocer las maternas. Y a eso fui a Macaján. Sobre todo pues en sus cerros pasé mi primer año de vida- y según me cuentan- un tigre rondaba por las noches cerca de donde dormía. Afortunadamente no se metió conmigo ni con mi madre y puedo hoy estar echando el cuento.