
En agosto nos vemos

La publicación póstuma de "En agosto nos vemos" de Gabriel García Márquez cautiva a los lectores. Una obra que celebra la magia literaria del Nobel colombiano, con frases inolvidables y evocadores paisajes caribeños.
Por José Armando Benítez Tuirán Me encantó leer algo nuevo de Gabriel García Márquez. Nunca había comprado un libro el mismo día de su lanzamiento, pero es que tenía muchas ganas de disfrutar de mi escritor favorito. Fue una experiencia fascinante, y así como cuando se compra el pan recién salido del horno, no pude esperar a llegar a casa para comenzar a degustarlo. Ansiaba descubrir qué había dejado de publicar en vida, el hombre que me hizo, a través de su literatura, volver la mirada a la vida de los pueblos de Córdoba y Sucre de una manera diferente. Con más admiración por los mancondianos sucesos que aquí a menudo ocurren. Lejos de las discusiones de si es una obra menor o si no encaja en la calidad de la producción literaria del nobel, lo que sí creo fervientemente es que "En agosto nos vemos" es una obra que tenía que ser publicada y no podía quedar engavetada por ningún motivo. Ha sido una lectura placentera y divertida que me cautivó desde las primeras líneas. Entré sin esfuerzo en ese universo Garciamarquiano al que convida la obra. No sé si es un cuento largo o una novela corta, ¡qué más da! Verraca manía la de querer encasillar todo. Pero de lo que no puede quedar incertidumbre alguna es de la presencia indeleble de la magia literaria de Gabo en sus páginas. Nos puede gustar más o menos que otros libros del inmortal autor, pero en esta obra encontramos, para nuestro disfrute, esas frases fulminantes alejadas de los lugares comunes y la palabra adecuada siempre para cada oración. Que alegría pasearse a través de sus palabras por esos lugares que, a los que hemos vivido en el caribe, nos suenan tan cercanos. Aunque no seamos capaces de ubicarlos con precisión geográfica o, todo lo contrario, los logremos reconocer fácilmente en varios parajes de nuestro territorio. O puede que ocurran ambas cosas a la vez, porque quizás esos lugares tan bellamente descritos solo existan en ese mundo imaginario que creó con tanta astucia y exquisitez para nosotros; sus lectores. La perpetuidad literaria de García Márquez es tan incuestionable que no necesita que nadie abogue para que la gente lea sus libros. Y la importancia de sus críticos tan irrisoria como desatinada. ¡Que placer leer a Gabo! Que orgullo que ese realismo mágico suyo, haya estado nutrido de nuestra tierra.