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Opinión

Empaque y contenido

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
27 de julio de 2023

La publicidad ideal impulsa decisiones informadas, pero la realidad a menudo tergiversa productos y promesas. La brecha entre el "empaque" y el contenido es crucial en publicidad y política.

Por Fernando Negrete Montes La publicidad debe tener como objetivo hacer que un consumidor adquiera un producto o servicio y tome una decisión con conocimiento cabal sobre su uso o utilidad, para que más tarde no esté arrepentido o protestando por sentirse engañado. Este sería el ideal de las relaciones entre los miembros de una organización social frente a la cual aparece un cúmulo de información que tiende a tergiversar la realidad de lo ofrecido en pos de un beneficio pecuniario, con supuestos productos cura todo y que por las redes sociales, donde el agente emisor es cualquier persona, las diferencias entre lo que se dice y hace se acentúan. En torno a la calidad, es evidente que un buen producto debe estar envuelto en un adecuado empaque, con un precio mayor a otro de similares características embalado en una caja de menor acabado y esto diferencia a los establecimientos organizados de las ventas informales en donde la compra y venta minimizan estos criterios, sin importar que las personas deban propugnar por buscar siempre lo mejor y el comerciante ofrecerlo. En la política ocurre lo mismo, pese a que este sería un bien intangible donde el político puede disfrazar su producto en un buen empaque y sale a venderlo con la probable convicción de que no va a realizar todo lo que dice porque parte es demagogia o porque realmente no está convencido de que lo que promete es cierto, la estrategia es presentar un "novedoso" producto y convencer a sus potenciales clientes, electores, de sus bondades. Para eso están los eslóganes, las pautas publicitarias, los títulos de una obra, un programa de gobierno, un plan de desarrollo que, utilizando el simbolismo, terminan dominando el escenario, como el sugestivo título del actual plan nacional de desarrollo: "Colombia, potencia mundial de la vida", esplendoroso empaque que se estrella con el galimatías, contenido, en que se han convertido las relaciones sociales entre los colombianos porque el director aviva el "fuego". Esta época electoral es la oportunidad para reformular, corregir, proponer y finalmente hacer una buena administración pública para modificar y transformar una realidad avasallante que nos hace perder las esperanzas, y surjan los programas de gobierno y salidas que concilien el empaque con el contenido como garantía de un buen producto que no requiere la rimbombancia para hacerse sentir. Desde lo cotidiano, lo sencillo, el trabajo diario, se hace más que la ineficacia del poder que desconoce u olvida que la mayoría de la gente lo que quiere es poder trabajar, estudiar, vestirse, mejorar su entorno y condiciones de vida y no luchar contra fantasmas o molinos de viento.