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Opinión

Empalme y arranque

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
9 de noviembre de 2023

La simplificación de la gestión pública, con un enfoque en resultados inmediatos, es crucial. Con nuevos líderes en 2024, la calidad del servicio debe ser prioridad, comenzando por una transición eficiente.

Por Fernando Negrete Montes Para que las cosas funcionen mejor, hay que simplificarlas de tal manera que su operación se reduzca a unos cuantos "toques de botón" y se obtengan los productos y resultados de forma inmediata, garantizando así la atención a los solicitantes de servicios en tiempo real y con altos niveles de satisfacción que, ante la desidia e inoperancia reinantes, recibir un buen servicio se ha convertido en el sector público en la excepción a la regla. Con la llegada de nuevos gobernadores y alcaldes a las entidades territoriales a partir del 1 de enero de 2024, se da una nueva oportunidad para que la calidad del servicio y las ejecutorias pasen a primer plano, cumpliendo lo establecido en la normatividad sobre esta transición que debe empezar, para no precipitar las cosas, desde el día de recepción de la credencial como nuevos administradores de las entidades territoriales. En esto no hay que andar con mucho misterio y ya las autoridades salientes han venido preparando sus informes de gestión, de tal manera que las comisiones o grupos de empalme tienen elementos con los cuales iniciar en corto tiempo su tarea y ojalá que los propios mandatarios asuman directamente la recepción de ellos y por dependencia o secretaría, se reúnan con los funcionarios para conocer de primera mano, el estado de la administración que reciben. Esta relación con los funcionarios, con los empleados, es primordial para la marcha de la administración por cuanto cualquier decisión que se tome, debe ser realizada por estos, muy a pesar del equipo de secretarios por cuanto, igual que los mandatarios, desconocen por lo general, la rutina, procesos y procedimientos que se pueden empantanar sino se orientan de forma correcta, especialmente cuando hay que funcionar con el presupuesto y el plan de desarrollo de la administración saliente, durante medio año. Superada esta primera etapa de empalme, viene la posesión y el nuevo Plan de Desarrollo que de igual forma debe ser sencillo y con líneas gruesas que abarque los principales puntos del plan de gobierno y en armonía con el nacional de desarrollo por cuanto los mayores recursos y proyectos provienen de las transferencias con las cuales se financia el funcionamiento de la mayoría de los municipios del país. En esto la sabiduría popular sentencia: "el que mucho abarca, poco aprieta", razón por demás para delimitar unos programas y proyectos realizables con los cuales se puede hacer más que con una amalgama de "iniciativas" que solo sirven para presentar datos en el papel y llevar a una "calma chicha", que nos avasalla y mantiene en una pasividad esperando que alguien haga por nosotros, cuando lo indicado es "pensar en grande" para romper la quietud desesperante y pasar a las ejecutorias de alto impacto y contenido social.