
Emocionantemente musical

La música, lenguaje universal de las emociones, transforma y sana. Es refugio vital para el espíritu, un vínculo con la inteligencia y una herramienta para la introspección humana.
Por José Arturo Ealo Gaviria El elemento líquido de las emociones es la música. Bulle. Explota y seda a la vez. Nace en las fronteras del ocaso de la palabra. El desarrollo de los sentidos y la enseñanza de las emociones por medio del arte son elecciones esenciales para el equilibrio y el empleo seguro de la inteligencia. La música es ese núcleo mismo donde laten las necesidades y realizaciones tanto amorosas como poéticas del ser humano. Es gran amiga para conservar el "espíritu", su anhelo perdurable —revelado en sentimientos nobles— ante la gran "enemiga" e implacable muerte. Y la música es viva, despierta del letargo la palabra impresa para renacer en cada interpretación, dando al mundo un festejo que "no es de este mundo". Las armonías del pasado siguen cortejando y seduciendo el corazón del ser humano actual. Aún corta el aliento. Afina. Marca un estilo. Da para un amplio panorama de gustos. Produce ligereza. Gracia. Profundidad. Devoción a tutiplén. Volviendo a la realidad mostrenca o ruda, la música tiene una fuerza transformadora. Atrapa. Constituye una fiel vía de conocimiento. Por eso, al igual que se informa acerca de muchas clases de inteligencia, también se revela e informa con propiedad acerca de la llamada "Inteligencia musical". La música ayuda física y mentalmente. Mitiga la pesadez. No es superflua. La música, como cualquier obra de arte valiosa, es de una "indiscreción" total hacia nosotros: nos pregunta y nos exige. Desea entrar en contacto con el espacio más mínimo de cada ser humano. En función de la respuesta que demos a tan rigurosa llamada, podremos mejorar o no. La música es necesaria, en una sociedad algo desquiciada y neurótica como la nuestra. La humanidad necesita esos "refugios" para reencontrarnos con quienes de verdad somos. El efecto de la música en el organismo es inmediato y muy poderoso. El hombre es capaz de descubrir a través de la música nuevos modos de entender las cosas, vías desconocidas e insospechadas. Es decir, sirven para ser más original. La música hace parte de nosotros desde que nacemos. Como seres humanos, celebramos actividades u ocasiones más importantes de nuestras vidas con música. Nuestra vida diaria está llena de recuerdos donde al igual podemos identificar ritmos y melodías. Las grandes obras musicales nos llevan como de la mano, al área de las emociones. De hecho, música y emoción son dos realidades inseparables. Mutuas. El hombre es capaz de descubrir a través de la música nuevos modos de entender las cosas, vías desconocidas e insospechadas.