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Opinión

Elegir el equilibrio sabia decisión

Marta Sáenz Correa
Marta Sáenz Correa
Columnista
25 de agosto de 2025

Disfruto mucho leer un poco de todo, me encontré en una librería en Bogotá un libro escrito por los españoles Jaume Soler y M. Merce Conangla, "Ecología emocional", quienes son profesionales destacados dentro del área del autoconocimiento, y de la psicología personal, son los creadores del concepto Ecología Emocional, la cual se trata de gestionar nuestra energía emocional de forma creativa y amorosa de tal forma que sirva para mejorarnos como personas, aumentar la calidad de nuestras relaciones y respetar y cuidar nuestro mundo.

Nuestras emociones tienen un impacto directo en el mundo, y aunque no podemos decir que somos plenamente responsables de estas emociones, sí lo somos de su gestión y de ser capaces de transformarlas en positivo, con una acción creativa. Según los autores, las emociones mal gestionadas son fuente de contaminación, agresión, destrucción, enfermedad, muerte interior, por ello, no basta con afrontar nuestros estados de ánimo de una manera inteligente, sino hacerlo también sin perder la perspectiva del mundo que nos rodea y el compromiso responsable. La Ecología Emocional o psicoafectividad es el arte de transformar positivamente nuestras emociones; consiste en gestionar nuestro mundo emocional de tal forma que nuestros afectos promuevan conductas que tiendan a una mejora de nuestro equilibrio personal, nuestro desarrollo humano, así como a una adaptación más inteligente, equilibrada y plena en nuestro entorno. Elegir el equilibrio es una sabia decisión. La serenidad es un estado mental. Es la calma y la quietud que necesitamos para vivir, pensar y respirar. Hay personas que llevan el peso de una carga triple: las preocupaciones que han tenido, las que tienen ahora y las que esperan tener. Nuestro presente y su correcta gestión ya son suficiente responsabilidad. Es importante aprender a clausurar los temas pasados, centrarnos en nuestro presente y no dedicar demasiada energía en anticipar nuestro futuro. Nuestra paz interior va a depender de cómo gestionemos nuestras emociones. Soy yo quien decide ser de una forma u otra. Soy yo quien elige el equilibrio o el desasosiego. Aunque no podamos evitar determinadas situaciones difíciles o complejas, siempre es posible escoger nuestra actitud ante aquello que sucede. Esta es nuestra primera libertad y un ejercicio de responsabilidad que modulará el grado de sufrimiento o gozo que incorporaremos a nuestra vida y que será fruto de nuestra mayor o menor coherencia personal. Las emociones, como la ira mal gestionada, dejan señales y causan cicatrices en nosotros mismos y en las personas que nos rodean. El autocontrol es la competencia emocional imprescindible: el enemigo no se halla fuera, está dentro de ti. Es importante aprender que es posible rechazar, sin violencia, las agresiones que nos llegan, los insultos y las ofensas. ¿A quién pertenece un obsequio? ¿A quién lo entrega o a quién lo recibe? Si no aceptamos las agresiones, si no las damos por recibidas, se las quedarán quienes las hayan transmitido: hay regalos que no conviene recibir. Como dice el Dalái Lama, solo cuando tenemos paz interior podemos estar en paz con quienes nos rodean. La gestión ecológica de nuestras emociones, puede ayudarnos a conseguirla. Cuando hacemos una elección, es necesario asumir que deberemos dejar de lado las otras alternativas. Aprender a desprendernos de relaciones, ideas, objetos, emociones, ofensas, y cargas, es un aprendizaje vital imprescindible para no quedar anclados y poder seguir adelante. Es posible elegir el equilibrio, vivir intensamente nuestro presente con atención, centrados y abiertos a la vida. Nunca debemos olvidar que hay una sola persona con la que, con seguridad, vamos a compartir toda nuestra vida: nosotros mismos. ¿Escogemos vivir con equilibrio o escogemos el desequilibrio?