Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Elegir bien: el reto de Colombia para 2026

Luís Alonso Colmenares Rodríguez
Luís Alonso Colmenares Rodríguez
Columnista
14 de enero de 2026

Empiezo este año invitando a todos los colombianos a reflexionar. El 2026 no será un año cualquiera: será un año electoral, y eso implica un imperativo moral para cada ciudadano. Nos corresponde renovar el Congreso de la República eligiendo senadores, representantes a la Cámara y, nada menos, que al presidente de la República. No exagero cuando afirmo que estas elecciones marcarán el rumbo del país durante muchos años. ¿Por qué tanta insistencia? Porque no se trata simplemente de votar; se trata de elegir con responsabilidad, de mirar a cada aspirante con lupa, de preguntarnos quiénes tienen la capacidad, la preparación y la honestidad para asumir la enorme tarea de legislar y gobernar en beneficio de la gente. Seamos sinceros: abundan los candidatos que no merecen nuestra confianza. En Colombia conocemos bien la realidad.

Empiezo este año invitando a todos los colombianos a reflexionar. El 2026 no será un año cualquiera: será un año electoral, y eso implica un imperativo moral para cada ciudadano. Nos corresponde renovar el Congreso de la República eligiendo senadores, representantes a la Cámara y, nada menos, que al presidente de la República. No exagero cuando afirmo que estas elecciones marcarán el rumbo del país durante muchos años. ¿Por qué tanta insistencia? Porque no se trata simplemente de votar; se trata de elegir con responsabilidad, de mirar a cada aspirante con lupa, de preguntarnos quiénes tienen la capacidad, la preparación y la honestidad para asumir la enorme tarea de legislar y gobernar en beneficio de la gente. Seamos sinceros: abundan los candidatos que no merecen nuestra confianza. En Colombia conocemos bien la realidad. Aspirantes que están siendo investigados por órganos de control, otros con expedientes judiciales abiertos, y todos sabemos que algunos son expertos en convertir la política en un negocio personal. También están los que apenas cumplen con lo mínimo en formación, pero carecen de visión para trabajar por el bien común. ¿De verdad vamos a seguir entregando nuestro futuro a quienes solo buscan enriquecerse? ¿Vamos a permitir que la política siga siendo un negocio para unos pocos y no un instrumento de desarrollo para todos? Y no olvidemos a las famosas "golondrinas electorales": esos candidatos que solo aparecen en época de elecciones, y llegan con dinero a comprar votos para luego desaparecer. ¿Cómo confiar en alguien que nunca ha vivido las dificultades de nuestras comunidades, que no ha sentido el peso de la desigualdad ni ha escuchado el clamor de quienes exigen oportunidades? Colombia necesita congresistas que conozcan el país, que lo amen y que estén dispuestos a trabajar, no por intereses personales. También están los eternos: candidatos que llevan más de veinte años en el Congreso, aferrados al poder, con cero realizaciones para mostrar. ¿Vamos a seguir premiando la mediocridad y la falta de resultados? El panorama presidencial no es menos complejo. Hay candidatos que pescan en río revuelto, que apelan a las emociones y buscan que la gente vote con rabia, con resentimiento, sin pensar en las consecuencias. Y después, cuando ya tienen el poder, sacan las uñas y muestran su verdadero rostro. No podemos caer en esa trampa. El voto con rabia nunca ha traído soluciones; solo ha traído más división y más problemas. Pero también están los candidatos que ven la política como un negocio, que calculan su aspiración en términos de reposición de votos y no en términos de servicio público. ¿Ese es el liderazgo que queremos para Colombia? Por eso, mi invitación es clara: tenemos el deber moral de elegir a los mejores. No podemos dejar que la emoción del momento nos haga olvidar la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. El futuro del país está en nuestras manos, y no podemos fallar. ¿Cómo hacerlo? Tenemos que informarnos para no quedarnos con el discurso bonito ni con la promesa fácil. Hay que saber quiénes son, qué han hecho, cuál es su trayectoria. Pensar en el bien común. No en el favor personal