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Opinión

Elecciones, una feria de delirios y desvarios

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
1 de septiembre de 2023

Un total de 132.553 candidatos se inscribieron para las elecciones territoriales, según el Registrador Nacional. La proliferación de aspirantes podría dañar la democracia.

Por Valmiro Sobrino Oliveros l Registrador Nacional del Estado Civil dijo que se habían inscrito 132.553 candidatos para las elecciones territoriales. 106.429 para concejos y 3.894 para asambleas departamentales a más de los inscritos para las JAL. Si hay inscritos 251 para las 32 gobernaciones significa que habrá 219 que no salen elegidos. Si hay 6.175 para las 1.102 alcaldías, 5.073 no saldrán. No sería esto de mucha importancia, si la derrota afectara apenas al candidato alucinado. Lo grave es que dichos individuos le hacen un daño a la democracia convirtiendo a las elecciones en un carnaval, confunden y desorientan al electorado con una infinita cantidad de propuestas que son auténticos delirios y desvaríos inalcanzables. Muchos de estos candidatos a alcaldías y gobernaciones no tienen una sólida preparación para ejercer esos cargos; no tienen estudios en derecho y economía ni experiencia administrativa de ninguna clase; nunca han tenido en sus manos un presupuesto de la nación ni del departamento ni del municipio donde aspiran; son unos farsantes. Debería haber una sanción ejemplar para un candidato que no obtenga una votación lo suficientemente representativa. Lo de los aspirantes a concejos municipales y asambleas departamentales es peor. Aquí es donde usted tiene para morirse de la risa pues esto va desde aspirantes muy serios hasta arlequines y saltimbanquis. He oído decir a muchos de ellos, por ejemplo, que en su "proyecto de gobierno" han incluido programas de generación de empleo o del desarrollo de importantes obras para el departamento o del municipio. Ningún concejal ni diputado tiene ni puede tener "proyecto de gobierno" ni cómo producir empleo ni obras porque esas no son funciones. Si le preguntara cuáles son esas obras que va a hacer, dónde están esos proyectos, cuánto cuestan, dónde va encontrar los recursos, etc., seguramente le pintaría la cara. Las funciones de un concejal y un diputado son muy limitadas. Ejercen el control político, dictan normas orgánicas del presupuesto y de la estructura de la administración, reglamentan el uso del suelo de los entes, autorizan al alcalde o al gobernador para celebrar contrato, eligen al personero o al contralor departamental, según el caso, y pare de contar y todo ello en armonía con el gobernador o el alcalde. Pero estas son debilidades de la democracia y en esas montoneras de aspiraciones casi siempre lo que subyacen son oscuros negocios.