
Elecciones 2026: Feria de candidatos

Con más de 60 precandidatos presidenciales, la política colombiana enfrenta una crisis de partidos. La desconfianza ciudadana y la proliferación de agrupaciones cuestionan el sistema político.
Por Rafael Hernández Mestra Faltando más de un año para que los colombianos salgan a votar por el sucesor del actual Presidente, ya hay aproximadamente 60 candidatos de todos los pelambres y colores y, hasta ahora, ninguno de los partidos "serios". La evolución y desarrollo de la vida constitucional de Colombia está íntimamente ligada a la formación y vigencia de los partidos políticos. En efecto, basta realizar una sinopsis sobre la historia constitucional para encontrar que, desde los albores de la primera Constitución de 1811, se empezó a analizar la vigencia y eficacia de los partidos políticos. En la actualidad, los partidos son definidos en el marco del funcionamiento de los sistemas políticos. Prácticamente no existen definiciones globales de ellos, sino conceptualizaciones referidas a problemas como la representación, legitimidad, entre otros. Estos conceptos los ubican dentro del plano del actual político, con plena vigencia en nuestra sociedad en la medida en que son los actores políticos por excelencia. En Colombia, los partidos al igual que los mecanismos de expresión y representación política atraviesan su más grave crisis, pues distan de ser mediadores eficaces dentro de la forma política de la democracia participativa. El sistema político nacional se había caracterizado por un bipartidismo excluyente y hegemónico en el control del Estado. Nadie desconoce la existencia de la crisis de identificación política, originada en parte en la experiencia unionista del Frente Nacional. La crisis evidente por la cual atraviesan los partidos, casi que, a nivel mundial, indica que a un creciente número de ciudadanos ya no se identifica con los partidos tradicionales. Su protagonismo ha descendido o ha pasado a ser negativo, en primer lugar, porque la población ve desvinculados sus propósitos e intereses con los de quienes están al frente de los partidos; en segundo lugar, estas agrupaciones no canalizan las necesidades de la gente ni dan respuesta satisfactoria a sus electores, y en tercer lugar, se ha cuestionado su credibilidad en razón a las alianzas y al comportamiento de sus líderes, aunado a los escándalos de corrupción en todos los partidos. La Constitución Política de 1991 generó amplias expectativas en relación con el pluripartidismo. Es así cómo, se garantiza a los ciudadanos el derecho a fundar, organizar y desarrollar partidos y movimientos, garantía esta de la que se ha abusado existiendo hoy 34 partidos con personería jurídica, que a la larga no son partidos, sino máquinas para fabricar avales.