
El vuelo internacional de Montería no está fracasando. Apenas está empezando

La internacionalización no comenzó cuando aterrizó el primer avión. Comenzó mucho antes, cuando durante más de diez años esta región soñó con un aeropuerto internacional y trabajó para hacerlo realidad mediante estudios, inversiones, gestión y voluntad de distintos gobiernos y actores regionales. Hoy ese sueño se cumplió. Sin embargo, el verdadero desafío apenas comienza.
Sería muy triste que, después de recorrer ese camino, abandonáramos el proyecto porque sus primeros meses han sido difíciles. Dos meses de operación no bastan para juzgar una ruta aérea; lo que realmente debemos evaluar es el respaldo que, como región, le estamos dando. Hasta aquí hicimos la tarea del aeropuerto. Ahora empieza la tarea de Córdoba. Durante años la conversación se centró en tener un aeropuerto internacional, pero casi nunca en cómo llenar los aviones. La infraestructura ya existe. Se logró articular a Airplan, Migración, Dian, Policía Antinarcóticos, Aduanas y demás entidades. Ahora el reto dejó de ser técnico para convertirse en comercial. Una ruta internacional no vive de la emoción; vive de la ocupación y de la estabilidad de sus ingresos. Para consolidarla necesitamos turistas que descubran Córdoba, empresarios que encuentren oportunidades, estudiantes que crucen fronteras para formarse y familias que vuelvan a abrazarse. Las aerolíneas no crean el mercado; llegan cuando este existe o cuando encuentran una estrategia comercial seria, liderada por una cabeza y un equipo capaz de convocar a empresarios, gremios, universidades, sector turístico y autoridades alrededor de un mismo propósito: lograr que cada vuelo transporte más pasajeros que el anterior. Tener un aeropuerto internacional es muy distinto a ser una ciudad internacional. Las rutas no sobreviven por una pista más larga ni por una terminal más moderna. Sobreviven cuando una región aprende a viajar, a venderse y a conectarse con el mundo, con una o con varias líneas aéreas. Un avión no transporta solamente pasajeros. Transporta inversión, turismo, empleo, oportunidades y relaciones. Si una ruta fracasa, no pierde únicamente una aerolínea; pierde toda una región. Hoy Córdoba vive un momento histórico. Ojalá el rugido del tigre también impulse aquellos proyectos que, como este vuelo, tienen el poder de conectar oportunidades, inversión y futuro para toda una región. Los grandes proyectos no fracasan cuando despega el primer avión vacío. Fracasan cuando una sociedad decide que su éxito es problema de otro. Ojalá, dentro de algunos años, podamos decir con orgullo que el vuelo internacional de Montería no fue el logro de una aerolínea ni de un gobierno, sino de un departamento que entendió que su futuro también se construye ocupando una silla en ese avión. Las pistas las construyen los gobiernos. Los vuelos los sostienen las regiones. Ahora depende de todos demostrar que Córdoba está lista para hacerlo.