
El vino: la bebida de los dioses

El vino, desde Picasso hasta Dalí, ha inspirado el arte y el placer. Descubre cómo esta bebida conecta cultura, amistad y momentos de serenidad, según expertos.
Por Samuel Morales Turizo El vino se ha convertido en una bebida con sus deliciosos matices, especialmente el vino tinto en un elixir divino o una ambrosia. El vino ha estado presente en todos los campos de la creatividad. Un ejemplo es el pintor español Pablo Picasso, quien disfrutaba de la vida y sus placeres, entre ellos el vino. Se reunía en bares junto a otros famosos artistas vanguardistas a beber vino. Picasso dedicó series de pintura a su visión del vino, dentro del estilo cubista: La botella de vino. Mi pasión son degustar unos vinos tintos con mis amigos los fines de semana. Para saborear unos vinos hay que estar dispuesto a disfrutar, el vino es placer y es una manifestación anímica. Para mí el vino tinto es sinónimo de tranquilidad, calma y armonía. Te acerca a un estado de serenidad. Me fascinan los vinos tintos elaborados principalmente de las uvas Cabernet Sauvignon seleccionados en el viñedo de Pirque en el Valle de Maipo (Chile). Tolouse Lautrec, pintor, sibarita, bohemio, goloso y fiestero, solía hacer imponentes bacanales en lo que él mismo cocinaba e inventaba platillos. Se dice que cargaba un rallador y nuez moscada para agregarle al oporto. El respeto por el vino, que a través de la historia ha sido un homenaje al hombre, la cultura, el arte, el refinamiento, a la espera y al silencio. Para la vejez es placentero: un buen vino, unos buenos libros y unos buenos amigos. Mencionar a Salvador Dalí es hacer alusión a un mundo de la inventiva y escenas extrañas. Del Dalí excéntrico y artista, existe un hombre que es menos conocido. Amante de placeres tan mundanos como son la buena comida y sentía una autentica fascinación por el vino. Se dice que un vino es típico cuando tiene características con las que los manuales describen la cepa que los conforman. Son vinos con olores a vegetales, a pimentón quemado y a sabores a frutas maduras. Destápelo con una comida. El escritor Húngaro Béla Hamvas en su ensayo La Filosofía del vino plantea: “El vino es una manifestación anímica y, por tanto, más elevada, mientras que la comida es una manifestación corporal”.