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Opinión

El viejo decrépito

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
4 de julio de 2025

Todo ese maremágnum verbal que hoy tiene sumergido al país en la más encendida de las polémicas en torno a la figura del jefe de Estado en vez de aclimatar el ambiente lo que está es trayendo más fuego a la hoguera.

A la vista están dos debates electorales que van a encontrar un escenario cargado de diatribas, insultos, señalamientos, denuncias de variado tipo, en fin, toda una indeseable mezcolanza generadora de rencillas que desbordan los cauces de la controversia democrática civilizada y con altura. Por estos días la ambientación nacional está al rojo vivo a raíz de los encuentros hechos públicos en redes sociales, la prensa escrita y hablada del país y de otros lugares del mundo llevados a cabo por el ex canciller Álvaro Leiva, a quien tildan de "viejo decrépito", en donde planteó la necesidad de sacar al presidente Petro del poder. Allí surgió la idea de poner a la vicepresidente Francia Márquez en su reemplazo. El supuesto complot aconteció en un sitio de comidas en los Estados Unidos en el que se buscaba lograr apoyo de altas personalidades del gobierno norteamericano para que se integraran a la gesta golpista. Todos, incluido Leyva, hasta la presente niegan haber sido verdad la armada de esa estrategia. A la hora de ahora no deja de ser un chiste de mal gusto todo este melodrama que si bien suscita múltiples emociones en el ambiente nacional no alcanza a producir ningún efecto práctico en la estructura institucional que rige la vida colombiana. Aquí existe un Estado tripartita con una arquitectura consolidada sobre unos poderes que funcionan de manera compacta y armonizados por una Carta Magna de la que emana el cuerpo normativo que regula el día a día de nuestro discurrir democrático. Nuestras divergencias internas, propias de un sistema de libertades y derechos, se solucionan al compás de las reglamentaciones establecidas por el ordenamiento jurídico que brinda las pautas y procedimientos para desarrollar y resolver todo episodio controversial. Existen sí, como en cualquier sociedad organizada, aspectos de la vida social, económica y política, que reclaman soluciones prontas y efectivas de los órganos estatales pero ello no significa que sea la vía del derrumbe institucional la herramienta para alcanzar esos fines. Bastante derramamiento de sangre ha corrido por el suelo colombiano como para retornar al pasado.