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Opinión

El universo literario de Paul Auster

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
13 de mayo de 2024

Paul Auster, maestro de lo absurdo y existencialismo, forjó personajes marcados por la pérdida y la austeridad. Su narrativa directa y el azar definieron su obra, explorando la condición humana.

Por José Arturo Ealo Gaviria Sus protagonistas ascéticos, abstinentes y templados, convierten a Paul Auster (Newark, Nueva Jersey; 3 de febrero de 1947- Nueva York, 30 de abril de 2024) en uno de los escritores más leídos en temas de lo absurdo y existencialismo. El azar, la austeridad, sobriedad y prudencia a la que se refiere Auster, eso lo define. Varios de sus personajes podrían ser descritos desde esta categoría, como Paul Aaron, de "Leviatán" (1992); Anna Blume, en "El país de las últimas cosas" (1987); Marco Stanley Frogg, el joven universitario de "El palacio de la luna" (1989); e incluso el propio padre de Paul en "La invención de la soledad" (1982). El ejemplo más cabal es Daniel Quinn en "La ciudad de cristal" (1985), la primera novela de la "Trilogía de Nueva York" (1987): un escritor prestigioso, quien luego de perder a su mujer e hijo, se encierra en su departamento de Brooklyn a escribir novelas detectivescas, sin salirse deliberadamente del ajuste de ese género popular, que solo le da el dinero necesario para su subsistencia; se convierte en un vagabundo. El rasgo que define el comienzo de cualquiera de sus historias es que siempre han sufrido una pérdida fundamental en sus vidas, ocasionando una seria ruptura de lazos sociales. En muchos casos se profundiza a lo largo de la novela. En "La ciudad de cristal", la mujer e hijo del protagonista mueren. En "El palacio de la luna" se cuenta la historia de un huérfano extraviado en las contingencias de Nueva York. En "La música del azar" (2006), Jim Nashe es abandonado por su mujer, decide abandonar a su hija al cuidado de su hermana, y se dedica a vagar por las calles. En "Smoke" (1995), Paul Sachs es el escritor que también ha perdido a su mujer, y se ve envuelto en una historia que relata los devenires del encuentro entre un padre y su hijo. En "Mr. Vértigo" (1994), nuevamente otro huérfano, al que el maestro Yehudi intenta convencer para que se vaya con él. Le dice que "no es mejor que un animal, un pedazo de nada humana". En época de mayor auge de la imagen, de las apariencias y de la emancipación del "yo", Auster enseña sus personajes de formas muy humanizadas y modernas. Siempre fue un narrador directo y eficaz, con un dominio muy grande en los recursos narrativos y que los define como el creador del azar.