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Opinión

El trabajo del futuro

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
25 de marzo de 2026

El Banco Interamericano de Desarrollo lo deja claro en un reciente informe: el capital intangible —software, I+D, capacidades organizacionales, conocimiento— es hoy uno de los motores más potentes y subutilizados de la productividad en América Latina. Uruguay, por ejemplo, apenas registra un 3% de inversión empresarial en estos activos, muy por debajo del 5% o más que se observa en países desarrollados. Pero lo más revelador del análisis: cada dólar invertido en intangibles genera retornos 30% superiores a los del capital físico, y parte de ese impulso se traduce en mejores salarios.

El Banco Interamericano de Desarrollo lo deja claro en un reciente informe: el capital intangible —software, I+D, capacidades organizacionales, conocimiento— es hoy uno de los motores más potentes y subutilizados de la productividad en América Latina. Uruguay, por ejemplo, apenas registra un 3% de inversión empresarial en estos activos, muy por debajo del 5% o más que se observa en países desarrollados. Pero lo más revelador del análisis: cada dólar invertido en intangibles genera retornos 30% superiores a los del capital físico, y parte de ese impulso se traduce en mejores salarios. Si el futuro del trabajo depende de la capacidad de crear, absorber y escalar conocimiento, entonces el Caribe colombiano tiene una oportunidad. No solo por su ubicación estratégica, su conectividad creciente o su ecosistema universitario en expansión, sino porque posee un activo que no aparece en los balances contables: talento joven, adaptable y culturalmente preparado para industrias globales. Mientras el BID subraya que la digitalización y el software son la vía más rápida para elevar la productividad, el Caribe colombiano ya muestra señales de ese potencial. Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, han visto surgir empresas de BPO, desarrollo de software, animación digital y servicios creativos que exportan valor sin necesidad de grandes infraestructuras físicas. Pero para convertir la región en un verdadero hub tecnológico, se requieren tres movimientos estratégicos. Primero, una apuesta pública decidida por el capital intangible: incentivos fiscales para software e I+D, programas de adopción tecnológica para pymes y fortalecimiento de capacidades gerenciales. El BID insiste en que sin gerentes capaces de entender el impacto práctico de la digitalización, la inversión no se traduce en productividad. Segundo, un ecosistema laboral más dinámico. El estudio muestra que solo una parte de la productividad se traslada a salarios, en parte por mercados laborales poco competitivos. El Caribe necesita movilidad, bilingüismo y certificaciones que permitan que el talento capture más valor. Tercero, una narrativa regional que deje de verse como periferia y se asuma como plataforma. El trabajo del futuro, infraestructura, zonas francas industriales, capacidad de producir conocimiento, servicios y soluciones escalables. El Caribe colombiano puede ser ese laboratorio. Tiene el talento, la energía creativa y la vocación de servicio. Lo que falta es reconocer que el capital más valioso no se ve, pero sí transforma: el intangible. Y que, si se invierte bien, puede convertir a la región en uno de los polos tecnológicos más vibrantes de América Latina.