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Opinión

El Tigre y La Floresta: Dos corregimientos que endulzan el futuro de Chinú

Carlos Rodríguez Month
Carlos Rodríguez Month
Columnista
28 de junio de 2026

Sesenta familias paneleras apuestan por la agroindustrialización con el respaldo articulado del Estado, el sector privado y la propia comunidad.

En los corregimientos El Tigre y La Floresta, a pocos kilómetros de la cabecera municipal de Chinú, sesenta familias agrupadas en AsprocapatiSO cultivan y transforman caña panelera desde hace más de una década. Lo han hecho con recursos limitados, pero con una constancia que hoy empieza a convertirse en respaldo institucional, inversión pública y mercado para su producción. La historia comenzó en noviembre de 2012, cuando siete campesinos de El Tigre decidieron asociarse alrededor de una convicción sencilla: vender juntos rinde más que vender solos. Doce años después, la organización reúne a sesenta socios activos, distribuidos entre ambas comunidades y dedicados a la producción panelera. "Nosotros empezamos siendo muy poquitos, pero siempre supimos que la caña de esta tierra tenía calidad. Lo que necesitábamos era organización y apoyo para demostrarle al mercado lo que somos capaces de producir". Gabriel Esteban Díaz Tejada. La panela ocupa un lugar estratégico en la economía rural colombiana. Según el Sistema de Información de Gestión y Desempeño de Organizaciones de Cadenas del Ministerio de Agricultura —SIOC—, la caña panelera se cultiva en 511 municipios de 28 departamentos y vincula a más de 350.000 familias campesinas. Colombia, además, es el segundo productor mundial, después de India. En ese contexto, la cercanía de El Tigre y La Floresta con la cabecera de Chinú representa una ventaja real: reduce costos de transporte, conserva mejor el producto y mejora los márgenes frente a zonas más apartadas. Lo singular de esta alianza no está únicamente en el monto de la inversión, sino en su arquitectura institucional. Jolly (2002), en Lo público y lo local: gobernanza y políticas públicas, plantea que el territorio es el espacio donde la política pública se encuentra con la acción colectiva de actores públicos, privados y comunitarios. En Chinú, esa idea toma forma: el Ministerio de Agricultura aporta $420 millones; la Gobernación de Córdoba y la Alcaldía de Chinú, $30 millones cada una; la CVS, $40 millones para el componente ambiental; y Canñate Panela S.A.S. garantiza la compra mensual de hasta 800 cajas a precios pactados. Sin embargo, el dato más revelador está en la participación de los productores. Ellos financian el cuarenta por ciento de la inversión total: aportan $343 millones en mano de obra, $60 millones en arriendos y servicios, y $6,5 millones en maquinaria y herramientas. No son beneficiarios pasivos de un subsidio; son socios que ponen trabajo, recursos y confianza en el proyecto. El Comité Directivo de Alianza, integrado por la organización campesina, la Gobernación, la Alcaldía, la CVS y el aliado comercial, completa la estructura de gobernanza: cada actor tiene voz, voto y responsabilidad. Al final, lo que se levanta en las tierras de El Tigre y La Floresta va más allá de la producción de panela: cuenta la historia de una comunidad que decidió organizarse, de unas instituciones que entendieron el valor de acompañar el territorio y de un mercado dispuesto a reconocer el esfuerzo campesino. Cuando la política pública se encuentra con la voluntad de la gente, el desarrollo rural deja de ser una promesa lejana y empieza a tener rostro, nombre y cosecha. Para Chinú, eso vale. — CRM