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Opinión

El tigre no es como lo pintan

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
5 de junio de 2025

Alcaldes y gobernadores enfrentan desilusión al asumir: recursos educativos limitados por nómina docente. Déficit crecientes, caída de matrícula y programas mal financiados amenazan la educación.

Por Fernando Negrete Montes Son frecuentes las expresiones de alcaldes y Gobernadores cuando asumen sus funciones y se enteran de que los recursos destinados a educación tienen, en gran parte, destinación específica al pago de la nómina de docentes y administrativos del sector, provocando en cierto sentido, desilusión porque se pensaba que de esa cantidad de fondos públicos, se podía disponer para invertir en infraestructura educativa, dotación de mobiliario y equipo, conectividad y pago de todo lo que sonara a educación como deudas laborales incluidas las de seguridad social. La triste realidad es que desde la pandemia, año 2020, los gastos en educación se han incrementado y los ingresos no han crecido en la misma proporción, generando déficit en cada vigencia fiscal financiado con el presupuesto del año siguiente, ahondando año tras año el tamaño del faltante y la acumulación de deudas, sumado a la desfinanciación del Programa de Alimentación Escolar, PAE, que es la mayor irresponsabilidad de los gobiernos de impulsar planes por el prurito de decir que atienden las necesidades sociales sin contar con los medios para ello. Una de las causas de este desequilibrio es la caída de la matrícula escolar que ha venido bajando a medida que la tasa de natalidad desciende y aumenta la deserción escolar, en tanto los gastos crecen poniendo en riesgos la gratuidad educativa, la alimentación escolar y si los recaudos siguen bajando, estaría peligrando el pago de los salarios y los recursos de calidad matrícula que las alcaldías destinan al pago de las pruebas Saber, por el prestigio de mostrar mejores resultados por alumno y colegios de su jurisdicción, cuando la preparación de estos debe hacerse principalmente en el aula de clase con sus propios profesores. En consonancia con lo anterior, las medidas y orientaciones impulsadas desde el nivel nacional de lanzar a diestra y siniestra programas para dejar la impronta del paso del gobierno, y hacerlas obligatorias en las entidades territoriales que las copian, olvidando que lo importante es que educadores y estudiantes cumplan con sus compromisos misionales establecidos en el Proyecto Educativo Institucional, PEI, que tiene su propia agenda, pero con tanta actividad extracurricular por fuera de las aulas, en la calle, se reducen las posibilidades del mejoramiento de la calidad, se contribuye a la deserción escolar y se pierde la confianza en la educación como la mejor forma de mejorar las condiciones de vida. Las autoridades administrativas y agentes educativos deben entender que los cambios no se hacen abandonando los procesos que funcionan por otros que se pretenden implantar desde afuera y costosos, desconociendo que lo existente evoluciona por su desarrollo interno y el talento humano que lo conduce, con un manto adecuado que le permita su transformación cualitativa en su momento oportuno, pero no barnizándolo porque "el tigre no es como lo pintan".