
El sumun de lo insólito

El M-19 atacó el Palacio de Justicia en 1985, desatando una ola de terror. Ahora, el gobierno Petro revoca honores al general Arias Cabrales, avivando la controversia.
Por Ismael Guerra de la Ossa A eso de las 11:30 de la mañana del 6 de noviembre de 1985 unos 30 terroristas del M-19 armados hasta los dientes llegaron por la parte trasera del Palacio de Justicia de la capital de la República y con una ráfaga de metralleta prácticamente partieron por la mitad el cuerpo de un humilde vigilante que encontraron a su paso. Lo mismo hicieron con un policía que estaba por allí. Ya otros 7 terroristas también fuertemente armados estaban dentro del Palacio estratégicamente ubicados. Comenzó así una ola de terror donde fueron quemados vivos los magistrados que conformaban la cúpula de la justicia colombiana y cerca de 100 civiles entre empleados y visitantes murieron. Obviamente, la fuerza pública tenía que responder al ataque aleve y violento del M-19 y se produjo entonces lo que hoy se conoce como el holocausto del Palacio de Justicia. ¿Quién lo produjo? ¿De quién es la culpa? Pues del M-19 y su accionar delirante y criminal que buscaba, nada menos, que someter a un juicio político y público al presidente legítimo y constitucional del país, Belisario Betancur, para derrocarlo por las armas e instalarse ellos en el poder. Esa es la verdad monda y lironda la cual no admite discusión ni se puede justificar con ninguna clase de narrativas. Como dijimos, la fuerza pública ante tamaña afrenta a las instituciones y ante la arremetida violenta, a sangre y fuego, tenía que actuar y eso fue lo que hizo para salvaguardar el orden y poner a salvo la institucionalidad. Y alguien tenía que dirigir la operación. Eso le correspondió al general Jesús Armando Arias Cabrales quien lo hizo con firmeza, decoro y valentía, cosa que le fue reconocida. Ahora el Gobierno Petro despoja de todas las condecoraciones al general Arias Cabrales en venganza porque ni él ni las tropas que comandaba permitieron que el M-19 derrocara a Belisario, un presidente democráticamente elegido. Es el más claro ejemplo de la sed de venganza y retaliación que se anida en el militante del M-19 que nos gobierna. Pero hay más, en el sumun de la desfachatez y de la burla a nuestro ordenamiento jurídico, el Gobierno Petro ordena que se celebre con bombos y platillos un robo, es decir, un delito, como fue el que cometió el M-19 con la espada de Bolívar. ¡Hasta dónde vamos a llegar!