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Opinión

El sofisma de las consultas y firmas

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
28 de octubre de 2025

En los 34 años que lleva la Constitución de 1991, la experiencia que ha demostrado que muchas de las instituciones que se diseñaron para depurar o mejorar la política han producido efectos contrarios.

Se trató o se quiso liberar al país del bipartidismo y de la cultura del bolígrafo, algo que fue bien intencionado, pero se desarrolló mal y el efecto, a la postre, fue acabar con los partidos y dar lugar a agrupaciones sin ninguna ideología programática ni organizativa que más bien son partidos de garaje y la mayoría con la única misión de expedir avales, que en la mayoría de las veces se negocian o se venden sin ninguna responsabilidad política. Actualmente, según datos del Consejo Nacional Electoral, hay 32 partidos políticos con personería jurídica y existen otras agrupaciones que no tienen personería, pero que son actores en el ámbito electoral. Siempre se ha dicho y se ha cuestionado que una de las fallas de la Constitución de 1991 fue la creación de la circunscripción nacional de Senado, con el propósito de crear liderazgos nacionales en la medida en que los candidatos debían hacerse conocer en todo el país y no solo en sus respectivos departamentos como antes, trajo en la práctica encarecer la política, facilitar el ingreso de dineros ilícitos a las campañas y dejar a muchas regiones del país sin representación en el Senado como ocurre hoy, por ejemplo, con San Andrés, Chocó, Quindío y la llamada Media Colombia, es decir las antiguas intendencias y comisarias. Sin embargo, hay municipios en nuestra costa Caribe que llegan a tener 2 y 3 senadores. Otro aspecto relevante son las consultas para escoger candidatos que se han tergiversado por completo. El fin era impedir que dentro de los partidos los jefes y la dictadura del bolígrafo excluyeran a buenos candidatos, simplemente porque no eran de sus afectos o por animadversión, pero se les olvida de que los partidos no están carnetizados y se presta para injerencia de toda índole. El otro mecanismo desnaturalizado es de las firmas que fue concedido para ciudadanos sin trayectoria política, pero resulta que una misma firma puede avalar a varios o a todos los candidatos, ya que una firma no se le niega a nadie y se presta para evadir los topes del monto de las campañas.