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Opinión

El sistema electoral

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
15 de julio de 2025

Después de que el Presidente de la República pusiera en duda la transparencia de las elecciones del 2026, son muchas las voces de rechazo que le salieron a las insinuaciones del primer mandatario.

Al iniciar la década de los 90, por primera vez en su historia América Latina tenía gobiernos surgidos de procesos electorales, a excepción de la presidencia del Gobierno Cubano. Este fenómeno permitió que renaciera la vieja utopía democrática. No obstante, al concluir el segundo año de la década se suscitaron una serie de acontecimientos por todos conocidos que provocaron el surgimiento de las dudas acerca de la viabilidad de la democracia como sistema político en la región. Afortunadamente esos hechos fueron la excepción y no la regla, y los países que siguieron transitando por la vía democrática adoptaron en su mayoría un sistema presidencialista de gobierno, con ciertas variantes y matices propios de la idiosincrasia de cada nación en cuanto al sistema de partidos políticos, en casi toda América Latina se fue optando por un sistema pluripartidista. Este pluripartidismo tiene dos vertientes, por un lado, están los países en que este es un efecto meramente formal, ya que en la práctica están expuestos a los resultados electorales, y por otra parte, aquellos países en que su sistema electoral requiere de una segunda vuelta para dilucidar al ganador como es el caso de Colombia, Guatemala y El Salvador. En resumen, en América Latina predomina un sistema político de rasgos democráticos, aunque no exento de contingencias y amenazas. Lo cierto es que las sociedades latinoamericanas reclaman cada día más su participación en la toma de decisiones que afectan el desarrollo del sistema. Por lo tanto, es incomprensible que una persona como el Presidente de la República, que se supone representa la dignidad y la unidad nacional, ponga en duda un sistema por el que fue elegido Concejal, Representante a la Cámara, Senador de la República, Alcalde de Bogotá y Presidente de Colombia, eso no tiene presentación y es pura perversidad. La animadversión del presidente es con la firma que hace el proceso, la misma de los pasaportes, que ha llevado a la cancillería al caos, pero desconoce el presidente que esa firma solo hace la parte logística de las elecciones, ya que el conteo de los votos lo hacen los particulares, es decir, los jurados de votación y las comisiones escrutadoras.