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Opinión

El síndrome de Madame Bovary

Pablo Rosselli Cock
Pablo Rosselli Cock
Columnista
1 de abril de 2023

La novela "Madame Bovary" inspira más que una lectura: un síndrome. El "bovarismo", una insatisfacción crónica por la brecha entre ilusiones y realidad, afecta a quienes buscan un amor idealizado.

Por Pablo Rosselli Madame Bovary, novela de Gustave Flaubert, me dejó entusado. Creo que se puede llamar una “tusa literaria” a ese estado de abatimiento que ocurre al finalizar una lectura que nos sacude. La exquisita descripción de los personajes y su entorno, su fácil lectura, el manejo de los tiempos, y el final trágico y conmovedor al mejor estilo Shakesperiano hacen de este libro un clasicazo inolvidable. No pretendo reseñar el libro, pero sí hablar un poco acerca del Síndrome de Madame Bovary, la enfermedad que fue descrita por el filósofo Jules de Gaultier más de 30 años después de que Flaubert sacara a la luz esta obra genial. Se conoce a este conjunto de síntomas y signos como un estado de insatisfacción crónico producido por el contraste entre las ilusiones, las aspiraciones personales y la realidad, que suelen generar frustración. Tiene su origen en la lectura de novelas románticas que idealizan un amor inexistente, como le sucedió a Emma, la protagonista del libro que vive sumida en el descontento permanente por la búsqueda sin éxito de un amor apasionado en forma de aventura épica que llene sus expectativas, que la conduce indefectiblemente a la infidelidad. Las personas afectadas por este síndrome, que por lo común son mujeres, suelen no poder vivir solas y se cree que esta condición proviene de situaciones de abandono en la infancia. Muchos de los que leen el libro ven en Emma Bovary un personaje egoísta, superficial y cruel. Sin embargo, Mario Vargas Llosa, un furibundo admirador de esta novela, en su ensayo La orgía perpetua, Flaubert y Madame Bovary, exalta el valor de Emma al escapar de la monotonía conyugal y la opresión femenina del siglo XIX. La describe de la siguiente manera: “Ella, como el Quijote o Hamlet, resume en su personalidad atormentada y su mediocre peripecia, cierta postura vital permanente capaz de aparecer bajo los ropajes más diversos en distintas épocas y lugares, y que, al mismo tiempo que universal y durable, es una de las más privativas postulaciones de lo humano, de la que han resultado todas las hazañas y todos los cataclismos del hombre: la capacidad de fabricar ilusiones y la loca voluntad de realizarlas”. Pensándolo bien, y no obstante no padecer de este síndrome, todos tenemos dentro algo de Emma Bovary, sin la necesidad de leer novelitas románticas. Los que viven en las grandes ciudades, añoran el campo, los que viven en el campo fantasean con la metrópoli; los casados extrañan la soltería y los solteros, el matrimonio; los que tienen trabajo, se quejan de que trabajan mucho y los desempleados sueñan con conseguir un laburo; los enfermos, obviamente insatisfechos con sus dolencias y los sanos “porque sí”. Bueno, ¿y qué tratamiento tiene el síndrome de Madame Bovary? Según los psicólogos se debe trabajar en las convicciones profundas, modificar los sesgos cognitivos y creencias poco realistas, y sobre todo, reforzar la autoestima. En todo caso, el síndrome que los psicólogos describen como “Bovarismo”, no debe confundirse con el enamoramiento desmedido y auto flagelante que yo llamaría “Bobarismo”.