
El Sincelejo que todos queremos

Sincelejo da un giro en seguridad tras un 2023 marcado por la violencia. Estrategias del alcalde Acuña Cardales, con apoyo de fuerzas de seguridad, muestran resultados positivos.
Por Silverio Herrera Caraballo Poder salir a la calle sin la zozobra de ser atracado o en el peor de los casos atropellado, por la ola interminable de motocicletas en las calles, salir a montar bicicleta sin tener que ser presa fácil de los amigos de lo ajeno, volver a visitar los parques y áreas sociales de la ciudad sin la expectativa de tener que rozarnos con consumidores, expendedores, prostitutas y borrachos, poder sentarnos en las terrazas de nuestras casas, salir con las bolsas de la tienda o el supermercado para llegar con la carga completa a casa, realizar transacciones bancarias, asistir a misa o al culto en familia, yéndonos a pie como lo hacíamos antes. Esa es la Sincelejo que todos queremos. Tras haber cerrado el año 2023 como una cifra de 157 homicidios en la ciudad y ser catalogada como una de las ciudades más inseguras de Colombia, luego del 1 de enero de 2024, Sincelejo ha dado un giro de 180 grados en materia de seguridad. Las estrategias asumidas por el alcalde Acuña Cardales al integrar en su política de seguridad y convivencia ciudadana a todas las fuerzas activas y organismos de seguridad del Estado han dado resultados positivos, algo de lo que todos debemos estar conscientes. Al día de hoy y pese a que se han aplicado estrictas medidas de seguridad y ejerciendo la autoridad y el imperio de la ley, han ocurrido 45 casos de homicidio bajo la modalidad de sicariato. Esto antes que preocuparnos debe alentarnos a continuar apoyando a las autoridades locales y regionales para lograr ese tan anhelado deseo de recuperar al Sincelejo que todos queremos. Esto no es para darle réditos políticos a nadie, no tengo necesidad o interés de congraciarme con ninguno, pero al César lo que es del César y cuando las cosas se hacen bien hay que decirlo. Hemos visto a un burgomaestre comprometido ejecutando obras con sentido social y preocupado por la seguridad de la ciudad, logrando estadísticas nunca vistas en la capital del departamento mariscal. Debemos también, y muy por encima de lo demás, darle gracias y reconocer el trabajo de nuestra fuerza pública que son quienes, con sus esfuerzos, espíritu de cuerpo y compromiso institucional, han podido lograr este cambio en materia de seguridad en la ciudad. Ahora bien, las cosas van bien, pero deben mejorar aún más. Conmino a nuestra Policía Nacional, a sus comandantes, al alcalde, en especial para que vuelvan los patrullajes de a pie, cuando veíamos en nuestras calles al policía de la cuadra, aquellos de finales de los 70's e inicios de los 80's. Cuando no contaban con tanto parque automotor en la institución, que regrese aquel policía que todos conocían y esperábamos todos los días para con la mano, hacerle el saludo respectivo y al que se extrañaba cuando no llegaba a hacer su ronda diaria. Hoy por hoy la institución cuenta con un sinnúmero de vehículos y motocicletas, eso está bien, pero; además de su difícil identificación (por el uso del casco y la balaclava, este último que no debería ser utilizado por la autoridad) y aún más con ese cambio a mi manera de ver, absurdo del tradicional verde oliva al azul rey que los hace ver diferentes en cuanto al uniforme. Es el momento propicio para recordar a mi buen amigo el señor teniente coronel Ricardo Calderón Daza, quien llegó a Sincelejo a ocupar la subcomandancia del departamento de policía Sucre, en el momento que la institución pasaba en una de las épocas más duras desde su creación, lo que todos llamaron la masacre de Chochó, hecho que enlodó la imagen de la policía, un rolo atravesado, como yo le decía a él mismo, quien pese a no ser de la especialidad de vigilancia, se apropió con su don de gentes y compromiso institucional de esa situación adversa. Salió de su oficina a cumplir el verdadero rol del policía, el policía humano, el policía amigo, el policía de verdad. Muchas veces le dije: "Cuídate Ricardo, eres un oficial superior y como tal debes hacerlo". A lo que él siempre me contestó; "tranquilo líder, esa es mi esencia", y la verdad sea dicha, se ganó el corazón de la gente de ese corregimiento que se dio a conocer ya no por la frescura y amabilidad de su gente, sus fiestas en corralejas y por ser la cuna de la banda juvenil de Chochó, hasta que llegó el coronel Núñez... ya todos saben lo que sucedió y que no es motivo para recordar. Ese era "el loquito de la moto" por su afición al motociclismo que le permitió conocer a mi buen amigo también Miguel Mendoza, el hijo de Pemeca, deportista de esta actividad en la ciudad, veíamos por las calles de Sincelejo y por los municipios a donde fue y llegó a dejar huella indeleble, dando a entender que son más los policías buenos. Gracias coronel Calderón. Hoy por hoy es el comandante en el departamento de Vichada, le deseamos éxitos y muchas bendiciones. Lo anterior no ha sido una crítica, por el contrario, es una humilde recomendación. Hacer volver al policía del barrio, no en la manera en que lo vienen haciendo hasta ahora, cuando pasan de una forma tan rápida en sus corceles de acero o camionetas polarizadas que ni el saludo se les puede dar. Gracias fuerza pública por su trabajo, gracias Alcalde por su compromiso, vamos bien; pero, aún falta para volver a tener ese Sincelejo que todos queremos.